Sábado, 13-12-08
ME han escrito muchos lectores interesándose por el escritor argentino Leonardo Castellani, a quien desde hace algún tiempo cito con profusión en mis artículos, y pidiéndome que les recomiende alguna de sus obras. Como las obras de Castellani eran inencontrables en España, no me quedaba otro remedio que remitirlos a las procelosas aguas de internet y desearles una pesca afortunada; pero desde hace unas semanas Castellani está accesible para el lector español en una edición que yo mismo he preparado, donde recojo algunos de sus escritos más sabrosos y aguerridos sobre los asuntos más diversos: política, religión, literatura, educación... y España. La obra se titula Cómo sobrevivir intelectualmente en el siglo XXI, y está publicada por LibrosLibres. Me permito recomendársela a mis lectores, en la seguridad de que no los defraudará: porque la lectura de Castellani puede encandilar, puede subyugar, puede también cabrear y -si quien lo lee es muy progre- hasta ocasionar desarreglos similares a los que padece la niña de «El exorcista». Pero defraudar no defrauda nunca.
No defrauda porque tiene un estilo vibrante que bebe por igual en manantiales bíblicos y cervantinos. Y no defrauda, sobre todo, porque expone sus ideas como si fuesen aventuras, gozosas pesquisas en pos de la verdad, acompañadas siempre por un humor disolvente y socarrón que derriba los espesos muros de la mentira como si estuviesen hechos de alfeñique. Castellani se distingue, además, por sostener todas las posturas estéticas, filosóficas y religiosas demonizadas por el Matrix progre; y esta vocación quijotesca de singularidad es la que explica que un escritor de su categoría haya sido silenciado por los repartidores de bulas del cotarro cultural. En su escritura hay una cualidad persuasiva y una voluntad polemista que provocan en el lector un movimiento de adhesión muy similar al que suscita Chesterton, con quien guarda algunas similitudes: como Chesterton, Castellani profesa el gusto por la paradoja, la vocación acérrima de ortodoxia, el sentido del humor para encarar los asuntos más graves y la gravedad para abordar los asuntos más nimios. Para mí, Castellani es el Chesterton de la lengua española, aunque lo separan de él muy evidentes rasgos de estilo y carácter: como ocurre con Chesterton, lo que nos encandila de la escritura de Castellani es que, a la vez que nos regocija con sus delicias formales, nutre de esqueleto y musculatura nuestro pensamiento; a la vez que nos divierte, estimula nuestra inteligencia, la dota de un andamiaje robusto y la impulsa por caminos nunca antes transitados. Castellani es lo que los franceses llaman un maître à penser.
¿Y cómo es posible que un escritor tan dotado, tan formidablemente original, haya permanecido todo este tiempo arrumbado en los desvanes de la incuria? El Matrix progre es una máquina perfectamente engrasada que exalta con contundencia a autores mediocres o zarrapastrosos, siempre que sean favorables a su hegemonía; y que, con idéntica contundencia, condena al ostracismo a cualquiera que ose infringir su dictadura, aunque sea genial. Ocurre con autores contemporáneos, y también con los que ya murieron; y, naturalmente, un autor como Leonardo Castellani, azote de todas las falacias que sostienen los cimientos del Matrix progre y escarnecedor inmisericorde de todos los santones entronizados por la modernidad (¡qué páginas desternillantes encontrará el lector del libro que recomiendo, dedicadas a Joyce o Sartre!), tenía que ser silenciado por los repartidores de bulas que mueven el cotarro cultural; de ello depende su hegemonía. Más triste es que los propios católicos no hayan prestado a Castellani la atención que merece: en lo que se demuestra que el Matrix progre ha logrado confinar a los católicos en un gueto de ostracismo; y que los católicos se han conformado con tan triste destino, acatando su condena a la irrelevancia cultural.
Pero quiero pensar que aún queda gente refractaria a las directrices evacuadas desde los púlpitos del Matrix progre. A ellos va dedicado Cómo sobrevivir intelectualmente en el siglo XXI: regálenselo estas Navidades y, después de degustarlo, regálenlo también a algún progre que tengan a mano, para ver cómo patalea y echa espumarajos mientras lo lee.
www.juanmanueldeprada.com

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