Manuel Jesús Roldán_Profesor, escritor y colaborador del programa «Protagonistas Sevilla» de Punto Radio
«He explicado Lepanto a mis alumnos canis a partir del rosario que llevan al cuello»
G. LOBATO
Actualizado Lunes, 05-01-09 a las 09:09

Acaba de publicar el libro «Almanaque de Sevilla» (Jirones de Azul). Un recorrido diario sobre hechos, acontecimientos, efemérides o simples reflexiones al hilo de un suceso concreto vivido en la ciudad. La idea partió del espacio con el mismo nombre que tiene en Punto Radio en el programa de Cristóbal Cervantes
—Primero una confesión en voz alta: ¿pertenece usted a la ilustre hermandad de los rancios hispalenses?
—Por supuesto. Y hago pública profesión de fe y no como otros que lo ocultan bajo una capa de falsa modernidad.
—¿Y sale con vara, cruz o palermo para poner orden y silencio?
—Salgo con cruz porque es más anónimo y porque en Sevilla hay que cargar con muchas cruces.
—Disculpe que empiece así la entrevista. Pero entiendo que su libro, en realidad, parte de ahí, de la rebeldía de los rancios, de la melancolía de los insatisfechos…
—Es una especie de grito para decir que cada día del año en Sevilla es un momento mágico para reflexionar. El libro en realidad es un ejercicio para que entendamos que en Sevilla se puede vivir el día a día.
—A ese sentimiento o manera de entender la ciudad lo pone en onda el «Protagonistas Sevilla» de Cristóbal Cervantes en Punto Radio. ¿Intuyó que de la radio pasaría al blog?
—En cierto modo. Nos pidieron contar en dos minutos muchas cosas. Y ha gustado porque estamos en tiempo de urgencias, de tiempo corto. Lo efímero es una garantía de éxito.
—Pero el caso es que de su blog se pasó al libro y deberá reconocer que no es un recorrido frecuente…
—Para nada. De hecho no se si hay más ejemplos de este recorrido: de la radio al blog del blog al libro. El blog enriqueció las historias. Porque ha habido personas que participaron en el blog y enriquecieron las historias. En el libro aparecen historias prestadas, regaladas por blogueros que participaron en el blog.
—¿Usted cómo calificaría su «Almanaque de Sevilla»: como un libro de historia, como un diario abierto a la historia, como la foto con palabras de cada día del año?
—Un poco todo. Es un libro con historia e historietas, personajes y personajillos, con grandes hechos y anécdotas cotidianas.
—Pero usted lo mismo juega con el pasado que con el presente. Por ejemplo: en «Un escritor en calzoncillos» descubrimos a un ilustre ciudadano en un Calvin Klein de la época…
—Efectivamente. Para contar una inundación del XVIII nos encontramos a Justino Matute en calzoncillos mientras daba cuenta de aquella arriada.
—Y de la famosa fotografía del nazareno del Silencio tras la Macarena casi escribe usted la versión capilla de un corazón partío…
—El libro encara la Semana Santa con una sonrisa. No todo es trascendente. Esta fotografía nos das pie a reflexionar sobre un nazareno que se queda sin salir en su procesión y se encuentra el palio de otra hermandad y hace la estación con la Macarena. La foto es verídica. La literatura es literatura.
—Y el 28 de agosto de 2007 se asoma usted a Nervión para llamar a la Puerta 16 del tercer anillo, la grada desde la que el Pizjuán ve partidos sobrenaturales…
—Y hablamos desde un punto de vista metáfórico. La escena se llama «Quijote». Y es un canto a lo pasional, a lo no medible, al sentimiento. Es un canto a la ciudad ilusionada y triunfal que llora la muerte de un joven Quijote sobre el césped.
—Lo mejor de su estilo es que parece que vamos de la mano de nuestro hermano mayor, ese que se sabe todas las historias de la ciudad sin excesos ni pedantería y que la familia siempre lo pone al frente de la visita de Madrid para que le enseñe Sevilla…
—Podría ser así. Enseñar sin aburrir. Vivimos en los tiempos Logse y del Gran Hermano y eso es inevitable. Pero se puede contar la historia de forma muy entretenida. Yo cuando llevaba a mis alumnos cani de las Tres mil con el rosario al cuello, partía de ahí para explicarles la batalla de Lepanto.
—¿Se ha escrito tanto sobre Sevilla como ahora?
—No. Pero aquí durante setenta años todo era de Martínez Montañés porque se copiaban de unos a otros. Estaba todo por hacer y, por supuesto, por explicarlo de manera diferente.

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