Miércoles, 14-01-09
NOS escriben algunos lectores para preguntarnos si el habla de Maleni (que está visto y comprobado que no es andaluz, sino magdaleniense, algo muy distinto) puede aprenderse en alguna academia de idiomas. Si existe algún método Home Malening al modo del Home English. Desgraciadamente no lo hay. Y eso era lo que tenía que haber denunciado la pepera catalana Montserrat Nebreda, y habernos dejado tranquilos a los andaluces, que no tenemos la culpa de que Maleni sea paisana. La Nebrera tenía que haber ido al grano y pedir que la próxima comparecencia de Maleni en el Congreso o en rueda de prensa fuese con traducción simultánea, porque su jerga magdaleniense no la entiende ni ella. Tú te pondrías tus auriculares del traductor simultáneo y oirías a Maleni como si estuvieras escuchando, ¿qué digo yo?, al mismísimo Víctor García de la Concha, director de la Real Academia. Y que cuando las imágenes de tales declaraciones en lengua magdaleniense salieran por la tele, fueran convenientemente subtítuladas. Todo ello, mientras faltan en las librerías dos obras de primera necesidad: el «Diccionario Maleni-Español, Español-Maleni» y el «Manual de Gramática de la Lengua Magdaleniense».
Y ya que entender y hablar magdaleniense es hoy por hoy sueño inalcanzable para el común de los españoles, debemos conformarnos al menos con poder aprender a hablar como un progre. En 10 días. Si el Home Malening no es posible, sí está al alcance de cualquiera el Home Progring, gracias al «Diccionario Progre: aprenda a hablar como un progre en 10 días», meritísima obra del psicólogo Mario Flores, que acaba de publicar la editorial Jirones de Azul, haciendo un gran servicio a la modernidad española. Gracias a la esforzada obra de este ingenio cordobés de Lucena, cualquier conservador puede disimular perfectamente su ideología y expresarse en términos de plena corrección política, sin necesidad de ponerse el pañuelo palestino que es ahora el uniforme oficial del Sindicato de Trincones del Reino.
Usted, por ejemplo, diccionario de Mario Flores en mano, puede romper a hablar en progre con toda propiedad, más allá de lo elemental de ciudadanos y ciudadanas, de la movilidad, la sostenibilidad, la transversalidad y el por aquí te quiero ver. Y, a la inversa, puede comprender perfectamente el Lenguaje Progre. Por ejemplo, si usted lee en un periódico un titular políticamente correctísimo que dice «Un subsahariano muere apuñalado en una pelea con magrebíes», se va al Diccionario y podrá traducirlo inmediatamente al castellano de siempre: «Unos moros matan a un negro».
Gracias al Diccionario, usted aprenderá a llamar educador al maestro, transexuales a los travestís, industrias culturales a las editoriales, ludotecas a las guarderías infantiles, lengua vehicular al bendito castellano de toda la vida, Progenitor A al padre, monitoraje al aprendizaje, autoempleo a buscarse la vida, cronograma al almanaque, deslocalización al cierre de la General Motors, emoticono a los muñequitos, esponsorización al patrocinio, prospección a la encuesta.
Tan útil es el libro, que usted mismo, sin asistencia de profesor, puede construir frases que no las mejora ZP. Miren, miren qué discurso más bonito he aprendido a construir con este método para aprender a hablar como un progre en 10 días: «La sostenibilidad de la movilidad de los espacios de ocio no debe ser confundida en la interculturalidad de una sociedad multicultural con el desarrollo ambiental sostenible ni con los logros de la ecoagricultura, articulada en una red de integración y acompañamiento sociolaboral, según la prospectiva sobre fomento de adaptabilidad publicada por el Observatorio de la Diversidad de Orientación Sexual e Identidad de Género, ya que en tal caso caeríamos en una segregación vertical y no conseguiríamos nuestros objetivos de transversalidad propios de una cultura emprendedora». El que no habla progre es porque no quiere. Aprendamos al menos hablar progre en 10 días, ya que no podemos, como sería el deseo general, romper a hablar en puro magdaleniense de Maleni. Ese prodigioso lenguaje exculpatorio según el cual si de algo no tiene la culpa Aznar, la tiene Rajoy; y si no la tiene Rajoy, la tiene Esperanza Aguirre; y si no la tiene Esperanza Aguirre, la tiene Iberia.

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