Sábado, 31-01-09
IGNACIO FERNÁNDEZ VIAL- GUADALUPE FERNÁNDEZ MORENTE
Nuestro personaje de hoy ha llenado el comienzo de muchas páginas sobre la historia de los judíos en América. Rodeado de relatos fantásticos en algunos casos, y en otros, con datos fidedignos sobre su vida, el caso es que resulta un tipo altamente curioso. De origen judío, Luis de Torres se holgaba de conocer el hebreo, el mozárabe y de tener algunas nociones de árabe, por ello profesando aún su religión, sirvió como intérprete de estas lenguas al gobernador de Murcia. En 1492 se produce en la península el edicto de expulsión de los judíos a menos que se convirtieran al catolicismo, ante lo que Torres se bautiza en la nueva fe y pasa a ser un judío converso.
En este celebérrimo año se produce también el primer viaje de Cristóbal Colón a América, y Luis de Torres, figura en la lista de los tripulantes de esta famosa expedición descubridora como uno de los marinos de la nao Santa María, que iba ejerciendo de intérprete de lenguas orientales al famoso Descubridor, ya que éste pensaba que sus conocimientos de lengua hebrea le permitirían comunicarse con los mercaderes locales judíos de Asia, tierras a las que creía se dirigía. Las tres carabelas colombinas parten del puerto de Palos de la Frontera y pasada la isla de Guanahaní, llegan a la de Cuba. Una vez aquí, el 2 de noviembre de 1492, Colón envía a Torres y al marinero Rodrigo de Jerez, natural de la localidad de Ayamonte, a reconocer el interior de la isla para informar de sus recursos y sus gobernantes, convirtiéndose así estos dos onubenses en los primeros occidentales en pisar tierras cubanas. Ambos hombres de mar pasan varias jornadas reconociendo la isla y son recibidos amigablemente por algunos de sus aborígenes que les mostraron unas «hojas secas que desprendían una peculiar fragancia», y les enseñaron la costumbre local de secarlas, meterlas en unas especies de cañas hechas con hojas de palma y maíz «a manera de un mosquetón hecho de papel», quemarlas e inhalar el humo que emanaban, es decir, Luis de Torres y Rodrigo de Jerez, protagonizaron el primer contacto europeo con el tabaco.
Concluido su primera expedición, Cristóbal Colón regresa a España en 1493, quedando Luis de Torres con otros 38 hombres en el primer asentamiento que los españoles habían fundado en América, llamando fuerte de La Navidad, en La Española (Santo Domingo), que pronto fue destruido por los ataques de los indígenas. A partir de entonces se pierden los datos sobre la vida de Luis de Torres, si bien conocemos que en 1508 su viuda, Catalina Sánchez, vecina de Moguer recibió una compensación económica por parte de la corona en reconocimiento a los méritos y servicios de su marido. Sin embargo, su compañero Rodrigo de Jerez, vuelve a la península a bordo de la carabela La Niña, trayendo consigo el recién conocido hábito de fumar, que enseña enseguida a sus vecinos de Ayamonte. Tal alarma provocó en esta localidad el humo que echaba, que sus habitantes acusan a Jerez de brujería, diciendo que «sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca», llegando a tomar cartas en el asunto el Tribunal de la Inquisición que lo encarcela por este rito endemoniado. Sin embargo cuando siete años después Rodrigo de Jerez es puesto en libertad, la costumbre de fumar se había extendido irremediablemente con gran rapidez.
Volviendo a Luis de Torres, las leyendas entorno a su figura se disparan con el paso de los tiempos, algunos sostienen que las primeras palabras pronunciadas por los españoles en tierras americanas, fueron las de Luis de Torres al pisar Cuba, y que éstas fueron dichas en hebreo, otros que en sus últimos días Torres llegó a ser un rico hacendado en el Nuevo Mundo, o incluso en alguna bibliografía inglesa se le atribuye el descubrimiento del pavo, considerando su vocablo inglés como derivación de su término en hebreo. Lo cierto, es que muchos historiadores adjudican a Torres el inicio de la historia del judaísmo en América.

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