Actualizado Sábado , 12-12-09 a las 08 : 11
Un arquitecto suelto, sobre todo si detrás hay alguien con dinero, tiene más peligro que un cable pelado. Y mucho más si el arquitecto es extranjero y lo sueltan por Sevilla. A los hechos me remito. Tú pones al alemán Jürgen Mayer en la sede del Colegio, frente a San Pedro, lo sueltas por la calle Imagen y al llegar a La Encarnación ya te tiene proyectadas las setas.
—¿Y no pudieron soltar a este hombre en Bollullos, para que plantara las setas en el Polígono PIBO por lo menos?
No, como si no hubiera campo en derredor de Sevilla, lo tuvieron que soltar precisamente en La Encarnación, ¡chucho con ella! Es lo que suelen hacer en Sevilla con los arquitectos más peligrosos del mundo. Arquitectos y arquitectas, que diría la ministra de Igual Da. No contentos con que el Ayuntamiento soltara a Mayer en La Encarnación, la Universidad cogió a la arquitecta angloiraquí Zaha Hadid, la soltó en El Prado, y, ¡hala!, hizo el horror de Biblioteca, a la que los tribunales dijo: «¡Ahí queó! ¡A tierra los cuatro zancos por parejo!». Y Cajasol cogió al argentino César Pelli, lo soltó por Sevilla, y qué espanto de rascacielos.
Para compensar todo lo anterior, la arquitecta israelí Rinat Izhak, sin mover un palaustre, porque el ladrillo está muy achuchado, ha llegado a la Plaza América y ha hecho un proyecto precioso.
—No me diga usted que en plena Plaza América van a hacer una cosa así como el bodrio del antiguo parque infantil Blancanieves, que por cierto ha parado Cultura.
No. Gracias a que Rinat Izhak llegó a España hace once años y lleva tres viviendo en Sevilla, se ha enterado de qué va la película. Y en lugar de coger y querer enmendarle (o enmierdarle) la plana (o la plaza) a Aníbal González en el Pabellón Mudéjar, en el Renacentista o en el Real, los tres que componen la Plaza América, Rinat se ha fijado en las palomas. Por las que Sevilla llama «Plaza de las Palomas» a la de América. En las fotos que las madres conservan en latas de galletas holandesas, todos somos antiguos niños de la Plaza América, dando arvejones a las palomas. Rinat ha visto que todos tenemos esa foto, con un abriguito espantoso de feo o con un trajecito de matarse de horroroso. Y va a montar una exposición con esas fotos en el Museo de Artes y Costumbres Populares, vulgo Pabellón Mudéjar. La arquitecta ha descubierto que en esta Sevilla donde se están cargando todo; en ese Parque desfigurado; frente a una Plaza España destrozada por los vándalos (suevos y alanos), la Plaza América no ha cambiado nada desde 1929. Desde que los bisabuelos de estos niños que ahora retratan los teléfonos móviles iban a dar de comer a las palomas, momento en que los dejó fijados para el sepia de la memoria un fotógrafo de trípode, babi y cubito, colega del que estaba en los Jardines de Murillo con el caballo de cartón retratando soldados del Cuartel del Duque.
Es verdad. De lo que poquito que no ha cambiado ni se han cargado en Sevilla es la Plaza América. Rinat Izhak lo ha descubierto con retina de viajera romántica. Y reuniendo esas fotos de niños dando arvejones a las palomas y de parejas de novios con ellas en la cabeza, nos ayudará a recuperar la nostalgia colectiva: como éramos, cómo vestíamos, la cara de cartilla de racionamiento que tenían los abuelos, las caritas de frío y sabañones de nosotros mismos.
¿No quieren levantar un monumento a Aníbal González? ¿Qué mejor monumento a Aníbal González que la memoria de los sevillanos llenando de vida a lo largo de las generaciones los espacios que diseñó, ante los edificios que proyectó? Ay, el día que Rinat Izhak descubra la memoria de Sevilla en las fotos de todos los niños antiguos de Sevilla montados con el abriguito y la carita de frío en la calesita del burrito moruno de la Plaza España...

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