Lunes , 18-01-10
«El tono de la piel, los pliegues, las arrugas... me interesa mucho conseguirlos y ser capaz de plasmarlos en la pintura», explica el joven pintor Daniel García (Sevilla, 1976). Visitar su exposición «Human variations» es asistir a un fiel reflejo de la realidad. Suspendidos en un instante, sus protagonistas disfrutan sus vivencias en la playa, la oficina o el metro. Seguidor del hiperrealismo, plasma la imagen con esencia fotográfica, pues convierte al pincel el momento captado por el objetivo, tanto sus propias experiencias como observador como fotografías que elige realizadas por otras personas «a las que pido permiso para pasarlas al lienzo».
Adentrarse en la galería Concha Pedrosa, ubicada en el número 11 de la calle Fernán Caballero, resulta una experiencia de choque. Hasta cruzar el umbral, el observador puede llegar a pensar que el autor es un curioso fotógrafo. Poco después, las texturas y la elección tanto de la luz como la intensidad de los colores atrapan la atención, mientras la sorpresa se instala en el alma. Otra decisión de este pintor choca enseguida: no existen rostros. Manos, la figura humana... pero sin cara. El motivo de esta despersonalización es «que sea el ser humano el centro de la exposición y facilitar la identificación del espectador, destacando al mismo tiempo el contexto y los detalles».
Dieciocho piezas de formato mediano donde Daniel García impulsa la belleza de momentos inesperados que suceden a diario «pero a los que no solemos dar importancia precisamente por su cotidianidad». Un ejemplo de ello es la pieza «Mujer en traje de baño», expuesto en Arte Joven.
Desde pequeño, García siempre ha tenido un lápiz o pincel en la mano para desarrollar su arte, «esa necesidad de exteriorizar mis emociones y de expresar mi visión del mundo». Empezó con el mundo del cómic, pero no tardó en adentrarse aún más en el dibujo y la pintura, aunque de forma autodidacta: «Durante mi vida, he ido probando diferentes técnicas y estilos, pasando por el retrato e incluso la copia de cuadros de Murillo o Velázquez por encargo. El propio trabajo me ha llevado al hiperrealismo, con el que siempre me sentí cómodo pero que evité hasta hace tres años». Ahora, tiene claro que su evolución pasa por avanzar en este hiperrealismo con el que se siente «tan cómodo», y que piensa centrar en la figura humana aún más «pero desde el desnudo».
Composiciones atípicas
En sus cuadros, la composición juega un papel importante: «A través de ella busco un equilibrio global de todas las partes, a veces alrededor de un eje central o haciendo uso de lo que podríamos llamar una simetría asimética». Sus pinturas muestran composiciones atípicas, con curiosos ángulos y perspectivas que dejan parte del cuerpo «fuera, para quien la vea se imagine o intuya el resto y termine de interpretar la pieza según sus preferencias». El proceso de selección de fotografías es «intuitivo, unas me gustan y otras no. A veces, me cuesta más buscar la foto que pintar el cuadro en sí». Considera su pintura «muy accesible porque no busco el arte conceptual sino que es lo que ves».
Daniel García admite la influencia de Lucian Freud y Edward Hopper, artistas que le inspiran: «Con Freud puede que comparta su técnica, aunque creo que él tiene una visión mas dramática del ser humano. Con E. Hopper, creo que tengo en común su placer por pintar la soledad».

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