Miércoles , 24-03-10
Mañana arrancan los desfiles procesionales con la estación de penitencia de la Hermandad del Santo Cristo de la Universidad, Nuestra Señora de la Presentación y Santo Tomás de Aquino, la Hermandad Universitaria. De reciente creación y paulatino desarrollo, opta por no incluirse aún en la Semana Santa y procesiona solo a su Virgen titular. Sin embargo y a pesar de esta discreción, este año ha sido noticia por su Cristo titular, el primer crucificado realizado según los datos de la Sábana Santa, la Síndone.
Bendecido el 6 de marzo en medio de una gran expectación de público y mediática, las visitas para contemplarlo en la iglesia de San Pedro Alcántara no cesan. Es la primera imagen de un Cristo crucificado que representa el hecho tal y como ocurrió. Todos ustedes lo han visto en fotos, por lo que no hace falta que nos extendamos sobre la impactante y sobrecogedora imagen de un hombre media hora después de haber muerto en la cruz y tras haber sufrido ciento veinte latigazos, espinas clavadas en su cabeza, rodillas destrozadas por las caídas y una lanzada.
Su autor, el profesor e imaginero Juan Manuel Miñarro, es especialista en Cristos «sindónicos». En el pasado septiembre ya entregó otra imagen de las mismas características en Guadix, solo que en esa ocasión representaba un «Ecce Homo», es decir, un Cristo ya flagelado y coronado de espinas antes de coger la cruz. La Hermandad Universitaria cordobesa ha ido más allá en el Via Crucis «sindónico» que podría esculpir Miñarro y ha escogido la recreación «real» de la muerte de Jesús.
El patrimonio cordobés se enriquece con esta nueva imagen. Pero a partir de ahí habría que dejarlo estar. Con saña se han lanzado contra el nuevo Crucificado quienes lo descalifican, más allá de la crítica artística y seguramente desde una posición anticatólica, de ser un «Cristo gore» con demasiada sangre y violencia. En el otro lado están los ultracatólicos que lo defienden como si hasta ahora no existiese ningún Crucificado de valía artística y espiritual en Córdoba, y no dudan en tachar de pusilánimes, neutrales y tibios a quienes no comulgan con él.
No es necesario, ni correcto, convertir en único válido al Cristo de Miñarro. La anónima serenidad del Cristo de la Caridad ¿No lleva siglos moviendo la caridad de muchos cordobeses? ¿No nacen oleadas de Amor desde el Cerro? ¿No mueve a la piedad el Cristo del Via Crucis? ¿Y la Buena Muerte de Castillo Lastrucci? ¿No impacta en los corazones el Cristo de Gracia, traído en el siglo XVII desde el Nuevo Mundo? Ninguno de ellos tiene excesos.
La verdadera valía de las imágenes de Semana Santa es que muevan a la conversión. Cuando vemos las imágenes de los Crucificados, de los Cristos muertos, debemos identificarlos con los modernos crucificados de hoy, por los dramas del paro, de las injusticias, de las enfermedades, de las persecuciones, de las infamias, de la falta de caridad. Y sentirnos cercanos a ellos. Si el Cristo de Miñarro despierta en algunos esto, vale, si no, se quedará en mero impacto visual.
Antonio Javier Guillaume, sin excesos sangrientos, pronunció un precioso pregón de Semana Santa, lleno de sentido cristiano, cordobés y cofrade, y al hablar de un Cristo muerto como Ánimas dejó está belleza: «Van tus Tristezas repletas / de glorias y avemarías, / van tus dulces letanías / de silencios y saetas, / van tus versos de poetas / incensándote de duelo, / van la luna y el sol por velo / dando a la tiniebla asedio, / y Tú vas dando Remedio / al alma que busca el cielo».

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