Córdoba

Córdoba / PERDONEN LAS MOLESTIAS

Órgano y cuerpo

Día 18/06/2010 - 09.50h
Las ciencias naturales vienen a demostrar cada día que el homínido es una especie animal que renuncia a una parte de su cuerpo sin razón aparente. Hemos visto la semana pasada, por ejemplo, a un grupo de conciudadanos protestando en Vista Alegre contra la apertura de una casa hogar para enfermos mentales. Que es una forma inexplicable de actuar contra un órgano del propio cuerpo, o sea, contra nosotros mismos. El homínido, según se ve, es la única especie, junto con los cetáceos, que recorre miles de kilómetros para acabar dejándose morir sobre la orilla del océano. Ningún experto ha logrado despejar aún la incógnita de este incomprensible suicidio colectivo, como tampoco ha resuelto la razón por la que hay individuos que consumen altas dosis de energía en impedir que los hijos de sus vecinos, o los suyos propios, aspiren a restañar sus heridas.
Un cuerpo es un conjunto de órganos que luchan solidariamente por combatir las amenazas del exterior. Si una mano enferma, un ejército de plaquetas se activa para regenerar el tejido en peligro. El cerebro coordina las labores de curación y millones de células trabajan ordenadamente para reparar los daños ocasionados. Gracias a esta maquinaria precisa, los seres vivos han logrado sobrevivir durante milenios a los desafíos de un mundo adverso.
Los vecinos de Vistalegre se comportaron la semana pasada como si su mano enferma fuese propiedad de un cuerpo extraño y urgiera desprenderse de él. Los vimos clamar por la amputación del órgano herido en un acto ininteligible que gira en contra de la lógica del universo. La naturaleza tiene éste y otros ejemplos inextricables. Anteayer, sin ir más lejos, pudimos observar en televisión cómo una cría de águila atacaba a su hermana en el nido para apropiarse de su comida. El polluelo caía rendido sobre sí, acogotado por los picotazos de su gemelo. Dos órganos de un mismo cuerpo en una exhibición obscena de la vida. En una exhibición obscena de la muerte, queremos decir.
Hemos podido escuchar a estos vecinos alertarnos de la alarma social que generarán los pacientes en la eventualidad de que sufran brotes sicóticos. ¿Y quién nos libra a nosotros de este trastorno social delirante que contemplamos? ¿Cómo defendernos de este brote patológico que actúa en dirección contraria a la ley de la vida? ¿Cómo reparar este órgano infectado que sabotea la supervivencia integral del cuerpo?
La naturaleza nos demuestra cada día lo complejo que resulta identificar el órgano enfermo del que no lo está. Determinar qué tejidos tienen un funcionamiento anómalo. A simple vista, las células sanas son aquellas que saborean un vermú en una plácida tarde de verano. O aquellas otras que rastrean las prendas más económicas en la sección de oportunidades. Pero la línea que separa la enfermedad de la salud, la cordura del delirio, es una raya imprecisa y evanescente, como se han encargado de recordarnos este grupo de vecinos vociferantes. Este órgano absurdo que se empecina en ignorar la lógica inexorable del cuerpo humano.
amvillafaina@gmail.com
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