No tiene Córdoba, como tantos pueblos en la ribera del Mediterráneo, una noche de San Juan con la que recibir los días más largos del año, purificarse en el solsticio de verano y sumergirse en la raíz atávica que hace que la vida se acompase al quieto movimiento de los astros.
Quien desde 2008 hace sus veces es una iniciativa nueva, que sin embargo ya se ha consolidado, por derecho propio, en el panorama cultural cordobés: la Noche Blanca del Flamenco. Sin embargo, tiene mucho de la experiencia catártica y atávica, porque la honda raíz del arte jondo sirve, en una madrugada llena de magia por muchos rincones de la ciudad, para espantar los sueños de la razón y entregarse a un carrusel de emociones artísticas que no terminarán hasta que el sol temprano de un nuevo día haya dicho que todo terminó.
La Noche Blanca del Flamenco no ha notado demasiado la crisis ni tampoco ha cambiado el formato que tanto éxito ha deparado en las dos ediciones anteriores. Los 500.000 euros dan para un programa de primeros espadas que promete llenar los espacios abiertos: la potencia y versatilidad de Enrique Morente en Las Tendillas, la pureza de El Cabrero y Luis de Córdoba en el Teatro de la Axerquía, el innovador y atractivo piano flamenco de David Peña «Dorantes» en el Patio de los Naranjos y el cordobés Manuel Moreno Maya «El Pele» haciendo un repaso de su fecunda trayectoria en la plaza de la Corredera.
El escenario de República Argentina se dedicará, como es habitual, al público más joven, y en él estará primero Yasmin Levy y más tarde el singular dúo intercultural formado por Howe Gelb & a Band of Gypsies y el sevillano Raimundo Amador, uno de los guitarristas más prestigiosos del mundo por su natural fusión del flamenco con otros géneros musicales. Como fin de fiesta actuará Pitingo, singular voz que se ha dedicado a la unión del flamenco y del soul, y que será el postre para uno de los escenarios más multitudinarios.
Variadas producciones
La noche, sin embargo, no se terminará en estos espectáculos. Varias producciones llenarán las recoletas plazas del casco histórico de propuestas singulares en las que el flamenco se vestirá de ropajes singulares, a veces repetidos de otros años y a veces nuevos. Así, quien quiera conocer la historia del cante tendrá que acercarse al antiguo claustro de San Francisco, el que tenga curiosidad por conocer cómo son los graciosos romances y letrillas de Luis de Góngora al son de los palos flamencos buscará la plaza del Cardenal Salazar y los amantes de los toros se asomarán a Santa Marina para recordar a Manolete en un singular espectáculo junto a su propio monumento.
No faltará la saeta, en un lugar tan evocador y cordobés como la cuesta del Bailío, en las voces de varios cantaores, como tampoco los guiños a la música árabe y sefardí. La Noche Blanca que hoy tendrá su cénit tuvo un pequeño aperitivo anoche, con las actuaciones en más de una docena de barrios de la ciudad, incluidos los periféricos, y la dramatización musical «Taurojondo» en la plaza de Las Tendillas.
Allí mismo comenzará todo esta noche para concluir, ya al alba, en el incomparable paisaje del Triunfo de San Rafael, entre la Catedral y el Guadalquivir recibiendo las primeras luces. Para que los 250.000 noctámbulos puedan aguantar el ritmo, decenas de restaurantes, bares y cafeterías «harán guardia» y les atenderán en toda esta catártica noche.





