En Pontevedra se lanzó en plancha para impulsar al Córdoba a Segunda cuando parecía que todo lo tenía perdido en el primer cruce de la fase de ascenso de 2007. Después, se acostumbró a hacer goles clave, como el de Ferrol. Y ayer, probablemente, facturó el último, con el que el conjunto blanquiverde selló su mejor clasificación histórica de este siglo y la mejor desde hace 34 años: el décimo. Todo eso se debe cargar a las espaldas de Asen, quien volvió a tirarse en plancha para cabecear un centro de Pepe Díaz. Por cierto, quedará para la historia como el primero que sirvió para que el Córdoba ganara en Castalia.
Eso sí, conste que no es menos cierto que en el encuentro de ayer había poco en juego, si se exceptúa el honor. Porque el Castellón, totalmente depresivo por su consumadísimo descenso, demostró que el partido era un trámite. Su entrenador probó a canteranos y prescindió de Ulloa para evitar que una lesión evitara algo de caja para el club. Por su parte, en el salvado Córdoba, Alcaraz quiso enfocar el partido desde la competitividad y sólo se concedió el lujo de darle titularidad a Pascual. El resto, los que estaban más en forma más Alberto, quien merecía esta especie de guiño por parte del entrenador.
Y así comenzó el partido en un estadio que no contaba con más de 500 espectadores. Es decir, en un ambiente casi sepulcral y donde cualquier acción se escuchaba con nitidez. Evidentemente, el factor ambiental no iba a resultar un problema.
Vistos los parámetros del partido, no resultó muy difícil saber lo que podía ocurrir. El Córdoba, a poco que apretara, estaría muy cerca del gol, de la victoria y de lograr los 55 puntos. El primero en llamar a la puerta del Castellón fue Asen, quien quería prolongar su serie goleadora. Sin embargo, Lledó no se lo consintió haciendo una buena parada. Se podría decir que fue de los poquitos intensos en su equipo.
Por lo demás, el Castellón se basaba en el fútbol directo de Tabares. Por cierto, que en una de ésas Alberto se complicó, pero finalmente todo quedó en anécdota. Su despeje chocó en Scotti, pero el Castellón no estuvo certero en definir. De hecho, coincidió con los pocos minutos felices de los orelluts, ya que Mario Ortiz envenenó tanto un centro que se estrelló en el larguero.
A partir de entonces, se acabó el Castellón. Lledó empezó a sufrir más, porque el Córdoba era el que controlaba la situación. Por cierto, que la grada de Castalia se asomaba inmune al episodio, concretamente sedada. Daba la sensación de que lo suyo era cariño más que amor, porque tuvo que perderlo por algún sitio.
Para cambiarlo, Garitano efectuó un doble cambio. Mareñá y Guzmán al campo, pero el control era cosa del Córdoba, que empezó a encontrar facilidades atrás. Asen y Díaz encontraron algunos pasillos. Sólo faltaba saber cuándo sería, porque al Castellón se le agotó la producción ofensiva en un remate alto de Tabares.
Quería el partido
Mientras, Alcaraz demostró que quería el partido. Relevó a Javi Flores, siempre travieso con el balón, por Lizio. Sin embargo, todo hacía indicar que el peligro venía por Asen y Díaz. El cuco, en otra acometida, rompió a la defensa del Castellón y salvó a Lledó, pero se quedó sin ángulo. Así que se frenó, levantó la cabeza y vio a Asen, que voló para marcar. Para marcar como en Pontevedra o Ferrol, por citar dos casos.
Con el 0-1, el segundo estuvo más cerca. Pero Lledó no estuvo por la labor de hacer más concesiones. Tal vez, eso impidió que Toni Seoane entrara antes en el terreno de juego y formalizara su debut en la categoría. Al mediocentro sólo le quedó un testimonial descuento porque Bernabé García sabía de sobra que el partido no tenía para más. De hecho, Alberto sólo tuvo que hacer un par de despejes en los últimos minutos de la contienda.
Con el pitido final, y mientras que en otros campos lloraban, los jugadores del Córdoba cerraron un curso en el que cumplieron con creces el objetivo inicial. Podrá quedar la duda de lo que hubiera pasado si en determinados partidos hubiera sacado un resultado mejor. Pero, vistos los parámetros, la temporada fue dulce y Asen le puso la guinda.




