Córdoba

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Reglamentar el deshonor

«Ya sólo queda desgarrar la cruz de Santiago del escudo»

Día 22/06/2010 - 09.27h
Tengo entendido que en algún secreto negociado del Ministerio de Defensa, unos cuantos abnegados funcionarios se están devanando los sesos en su intento de colocar la Salve Marinera en la nueva ceremonia laica que se prevé para la anual entrega de despachos a los oficiales de la Armada Española. Que es tanto como querer cantar el Ave María de Schubert en una boda civil. En realidad tampoco sería de extrañar, puesto que ya existen los «bautismos civiles» o «actos de acogimiento en la comunidad» —como prefieren decir los cursis rigurosos—, e incluso «primeras comuniones civiles», que son comuniones sin hostia pero con parejo festín familiar. Todo sea para que el niño de papá progre no se traumatice con el agravio comparativo y pueda, él también, vestirse de marinerito o de capitán de navío, para mayor chanza del asunto que nos ocupa.
El próximo día 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen —no sé, por ende, por qué se mantiene la fecha—, la misa (voluntaria) se celebrará por un lado y el acto administrativo (obligatorio) por otro. Así, pues, la Salve, que es el himno oficioso de la marinería y que tradicionalmente, como es lógico, formaba parte de la Eucaristía, tendrá que acomodarse a la ceremonia oficial para que pueda ser compartida por su Majestad y demás autoridades civiles y militares asistentes. ¿Bueno —me dirán—, y por qué no cantan en dicho acto protocolario el otro himno, el de la Escuela Naval? Peor me lo ponen. Porque si un himno habla de la Virgen, el otro concluye de este modo: «de España y de Dios», y lo repite, «de España y de Dios». Además, para más inri, estas palabras son de José María Pemán, autor también de la exiliada letra del himno nacional…
Comprendo, por tanto, la complicación del problema al que se enfrentan los laboriosos funcionarios antedichos y no les arriendo la ganancia. Pero el caso es que, gracias a la resolución de cuadraturas del círculo como ésta, los militares españoles están adquiriendo un prestigio inaudito hace sólo unos años. Días atrás, en una tertulia compuesta fundamentalmente por vetustos centristas, muy bien avenidos con el régimen socialista, pude escuchar el más sonrojante panegírico de la milicia patria que imaginarse pueda. Según ellos la verdadera maravilla de la transición consiste en haber conseguido un militar-tipo muy culto, técnicamente perfecto, aséptico y siempre obediente y atento al conducto reglamentario. Y yo lo certifico. Los soldados son tan buenos que ya no parecen soldados…
En Portugal le rinden honores militares a Saramago, ya disuelto en la nada que preveía. Y aquí no puede hacerse lo propio ante el Santísimo… Ciertamente hemos llegado muy lejos. Ya sólo queda desgarrar la cruz de Santiago del escudo del ejército español, para que nuestros militares puedan honrarlo sin desdoro de su laicismo. Alabaremos una vez más su disciplina, aunque hayan perdido definitivamente su honor…
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