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Sevilla / el cambio

Otra Plaza de España

Durante años, su deterioro y las posteriores obras que con lentitud han evitado su ruina total hicieron que muchos sevillanos prefirieran olvidarla como lugar de encuentro para no caer en la nostalgia y no sentirse cómplices de la desidia que la destrozó. Hoy se «reinaugura», vuelven las barcas a su ría... Renace, aunque no sea la misma

Día 17/10/2010 - 07.30h
Las barcas de la Plaza de España volverán hoy a pasear por su ría. No lo hacen desde hace casi diez años, cuando el abandono en el monumento construido para la Exposición Iberoamericana era tan extremo que el agua que permitía su uso se había convertido en un lodazal donde morían los patos. Aquella imagen de aguas verdosas y empantanadas era todo un símbolo de cómo la desidia de las distintas administraciones implicadas y el vandalismo de unos pocos habían convertido el conjunto monumental más visitado de la ciudad en un lugar por el que muchos sevillanos evitaban pasar para no ver cómo el lugar en el que tanto disfrutaron casi había desaparecido. Hoy las aguas de este estanque, cuya recuperación ha supuesto una inversión de 2,35 millones de euros, están limpias y en ellas se reflejarán las nuevas balaustradas y el perfil de los puentes rehabilitados, con nuevas piezas de cerámicas, de un conjunto monumental que la ciudad intenta recuperar para su disfrute, pero que tendrá una nueva configuración, ya que la peatonalización de la avenida Isabel la Católica persigue integrarlo en el parque de Maria Luisa.
En esta «nueva» Plaza de España se ha intentado recuperar la imagen original del conjunto que diseñó el arquitecto Aníbal González, pero si se tiene en cuenta que cuando se decidió acometer la rehabilitación, a finales de los años noventa, ya se apuntaba que entre el 60 y el 70% de las piezas originales se había perdido, se comprenderá que era un objetivo díficil de conseguir. Y es que, además del abandono de un conjunto al que sus piezas de cerámicas y azulejería le daban un componente fráfil, se suma que, casi desde que se terminó allá por 1928, ha sufrido una serie de rehabilitaciones y actuaciones que han ido restándole su impronta inicial. La más criticada es una realizada allá por 1946 cuando se decidió suprimir las farolas de cerámica vidriada y se sustituyó la balaustrada del interior de la ría por otra similar pero con una base de hierro que provocó buena parte del deterioro de esas piezas. Se cuenta que entre los materiales utilizados para reponer desconchones en la zona más próxima a los bancos de ladrillo y azulejo dedicados a las distintas provincias de España llegó a utilizarse mármol en el suelo.
En la «nueva» Plaza de España, las piezas de cerámica son reproducciones de las primitivas. Su ejecución ha sido compleja, como el proceso seguido en un edificio cuya responsabilidad se dividen el Gobierno central, al que le competen las actuaciones del espacio comprendido entre la ría y los edificios, y el Ayuntamiento, que débía asumir la recuperación de los puentes, la ría, la balaustrada y la plaza. Su recuperación ha supuesto la firma de varios convenios. El primero se suscribió en 1998 entre los ministerios de Economía y Hacienda y Trabajo, la Delegación del Gobierno, Red Eléctrica Española y Ayuntamiento y provocó la creación de una escuela taller en la que se harían las piezas con las que rehabilitar los puentes y los bancos del conjunto monumental. Los primeros estudios determinaron que el estado de los puentes, que recibían los nombres de los antiguos reinos de España —Aragón, Castilla, León y Navarra— era tan malo que tenían que ser desmontados en un proceso que implicó la retirada de las piezas de cerámica para proceder al reforzamiento de los pilares y la colocación de unas losas de cemento curvo, antes de colocar una estructura de acero inoxidable en los bordes de la pasarela en sustitución del hierro que, cuando se oxida, hace que aumente el volumen lo que había provocado la rotura de piezas de cerámica. La actuación en los puentes se alargó hasta ya entrado el nuevo siglo, mientras la recuperación de los 48 bancos de provincias —a los que hubo que impermeabilizar con tela asfáltica para evitar que la humedad subiera a sus muros— y 8 lienzos cerámicos en torno a la plaza avanzaba algo más; en 2004 se había conseguido recuperar 12 bancos y 2 paños de cerámica. En esta actuación hubo alguna recuperación singular, como la sustitución del banco de Álava por el original, rescatado del olvido, y el de Ávila, que no era el original, por una copia de éste. En principio estos trabajos debían estar terminados a final de 2006 pero poco antes de que terminase 2005, cuando la restauración estaba al 80%, la Junta anunció que no prorrogaría el taller de empleo, dando pie a un nuevo tira y afloja entre las administraciones que culminó con un nuevo convenio y la adjudicación ya dentro del Plan 8.000 de las obras de la balaustrada de la ría.
Entonces, y coincidiendo con la puesta en marcha del programa 8.000 para reactivar la economía, el proyecto se hizo más ambicioso: ya no se trataba sólo de restaurar las piezas de cerámicas ni la ría sino de reconfigurar la zona para que la plaza se integrara, como la concibió en su día Aníbal González, en el Parque de María Luisa. Para ello, se quitó el cerramiento que se instaló a finales de los noventa para proteger a la plaza de la movida y del vandalismo y se colocaron dos cancelas de apertura y cierre a la altura de las torres Norte y Sur. Ese espacio de la avenida Isabel la Católica se ha peatonalizado manteniendo los árboles existentes y ajardinando la mediana siguiendo el modelo de las imágenes de la época de Ánibal González, adoquinando el suelo igual que en el diseño original aunque con materiales más modernos. Además, en la intervención llevada a cabo se han recuperado las antiguas farolas de cerámica y las de fundición originales.
Aunque la participación de distintas administraciones y el amplio periodo en el que se ha acometido por fases la obra hacen difícil cuantificarla, la cifra oficial sitúa en 14 millones de euros el coste de la recuperación integral del monumento. Otra cosa será su mantenimiento y vigilancia, competencias sobre las que siguen debatiendo las administraciones. Esperemos que no por mucho tiempo, para evitar tener que contemplar, otra vez, como se destroza y abandona impunemente.

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