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Carlos Telmo: «Entre Nueva York y Shangai me quedo a vivir en esta última»

Tras seis meses en la metrópolis más pujante de China como director de Protocolo del pabellón de España, se trae en la mochila una experiencia impagable y un montón de anécdotas tres delicias.

Día 13/12/2010 - 07.43h
KAKO RANGEL
—O sea, que su primera experiencia en China fue bajarse del avión e irse a un supermercado
—Y claro en vez de comprar leche compré yogur. No encontré ni sal ni azúcar. Me fue dificilísimo comunicarme. No saben inglés, yo desconozco el chino y el numerito es grande.
—Debió usted sentirse como un participante televisivo del programa Pekín Express…
—La sensación es la de ser un analfabeto, no saber leer, no saber hablar, no te entiende nadie. Esos primeros días vives una sensación rarísima.
—En cualquier caso, conociéndolo, me cuesta trabajo creer que no probara el arroz tres delicias.
—He comido muy bien. Mi sitio preferido era el Din Tai Fun, toda la comida al vapor. Maravillosa.
—¿Y probó el perro con brotes de bambú y soja…?
—No perro no. Pero cucarachas si. Solo una vez dije ¡¡¡¡aggggg!!! ante un plato. El pollo al barro. Un pollo envuelto en barro, expuesto al fuego y que el barro se hace como una hucha y dentro está el pollo con el pico, las patas, uffff.
—¿Le convenció la comida china o donde se ponga una de jamón con puntitos blancos y una tortilla española se estrechan otras alternativas?
—Me encanta la tortilla española, el jamón, pero he descubierto la comida china al vapor y además he adelgazado.
—Seis meses en Shangai como director de Protocolo del Pabellón de aquella Expo da para hacer un poquito de relaciones. ¿Quién de los que pasó por nuestro pabellón le causó una impresión inolvidable?
—Me gustó conocer el mundo oriental y me quedé impresionado por su forma de ser, son ruidosos, hablan fuerte, hacen la siesta en la calle y si hace falta pasar por encima de ti lo hacen. Me parece un mundo fascinante.
—Tengo entendido que Jimmy Carter y su esposa le confesaron que estaban estudiando español.
—Nos saludaron en español y me dijeron que estaban aprendiéndolo porque es el idioma del futuro. Y eso que son octogenarios.
—Pero la chaqueta del gobernador de Hong Kong no era precisamente para un Domingo de Ramos…
—A mi me encantaba. Gris, de hilo gordo, cuello Mao y con los hilos desflecados. Se lo dije al traductor pero no quiso traducirlo. Creyó que estaba de guasa.
—¿China es el futuro o es ya un presente abrumador que tiene poco que ver con el chino del todo a cien de la esquina?
—Es ya la primera potencia mundial. Si me dan a elegir entre vivir en Nueva York y Shangai me quedo con la última. No tiene color,
—¿Qué saben de España, qué piensan de esto?
—No la conocen. Saben del flamenco, jamón, vino y aceite. Los ilustrados han viajado a Barcelona y a Madrid. Unos pocos a Valencia y a Sevilla.
—Tengo entendido que se vuelven loco por la fiesta nacional. Le gustan los toros tanto como el arroz…
—Si, si. Se quedaban embobados viendo los Sanfermines. Pero por ejemplo, Picasso es un gran desconocido. Yo hubiera vendido España en conjunto y no fragmentarla por comunidades.
—Se lo pregunto con su carga de escepticismo: ¿es verdad que la muralla china es más larga que la calle Torneo?
—(risas) Bastante mas larga, mas bonita y sin baches. Y muy limpia. Las ciudades están limpísimas.
—¿Lo llevaron a ver los guerreros de Siam? Qué cantidad de mili había allí enterrada ¿verdad?
—Por favor… Y la mar de hermosos. He empezado a conocer el canon de belleza chino. Hay que fijarse en las piernas y en las pieles. Y en su ingenuidad. Nosotros estamos más maleados que ellos.
—He podido escuchar por ahí que tiene una anécdota buenísima con un venenciador de González Byass
—He vivido con él seis meses. Todo el día venenciaba con buen humor, con una sonrisa especial. Por el pabellón pasaron siete millones de chinos. Y la mayoría bebió del vino de Alejandro.
—Una última curiosidad: ¿Dónde se manga más, en China o aquí?
—Allí se estira más el dinero que aquí. La vida es vergonzosamente más barata que aquí.
—Vamos que has sentido el último emperdador…
—Qué bonito. Pero también quedé impresionado con la plaza de Tianamen.

Síndrome de Shangai

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