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PERSECUCIÓN RELIGIOSA

Los ataques contra los cristianos de Irak o Egipto reflejan la voluntad de los integristas islámicos por destruir las sociedades libres

Día 02/01/2011
EL aumento de los atentados terroristas contra las comunidades cristianas de Oriente debe llevar a la comunidad internacional a reaccionar cuanto antes. La violencia fanática de los extremistas islámicos amenaza a los fieles de todas las religiones, pero lo que aparece en este caso, acentuado tras el ataque a una iglesia copta de Alejandría, es un brote de intolerancia absoluta que suele ser el preludio de los peores totalitarismos. Una sociedad en la que se asesina indiscriminadamente a una parte de sus ciudadanos a causa de sus creencias religiosas está en el camino de su autodestrucción, en todos los sentidos. Con la desaparición de las comunidades cristianas, las sociedades de Oriente Próximo no sólo perderían una parte muy cualificada de su ciudadanía, sino que estarían permitiendo la destrucción de uno de sus pilares éticos esenciales. El inequívoco mensaje de Benedicto XVI debería interpretarse en este mismo sentido porque, cuando llama a los cristianos de Oriente a resistir a
los ataques y las persecuciones, está defendiendo precisamente un futuro más digno para unos países donde la libertad religiosa debe permitir la convivencia entre comunidades que consideran justamente aquellas tierras tan suyas como de los musulmanes, y que viven allí desde hace milenios. Lo que el Papa pide es una defensa efectiva de los valores universales, de la libertad y de la vida, y basada en hechos «porque las palabras no bastan»
En última instancia, no se puede ignorar que los ataques contra los cristianos árabes son el reflejo de la voluntad de los integristas islámicos por destruir las sociedades libres que ellos identifican con el cristianismo. Puesto que en Occidente las crecientes medidas de seguridad hacen cada vez más difíciles los ataques terroristas, los extremistas se ven obligados a buscar blancos más accesibles en las indefensas iglesias cristianas de Egipto o de Irak. Por desgracia, lo más probable es que este tipo de atentados se repita, porque la siniestra mentalidad de los asesinos islamistas los lleva a pensar que esta es la mejor manera de proyectar su venganza por las supuestas ofensas contra el mundo islámico. Pero es un error. Las primeras víctimas son ellos mismos, porque lo que destruyen son sus propias sociedades.
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