Sevilla

Sevilla / necrológica

Padre Carlos Huelin S. J., un corazón misericordioso

Día 18/01/2011 - 11.21h
«Yo no sé si Dios existe pero si existe es lo que usted hace», le dijo un día al Abbé Pierre unos de los marginados de París al que él devolvió la dignidad y la esperanza en Los Traperos de Emaús. Sin darse cuenta aquel hombre definió la esencia de Dios como antes ya hiciera San Juan: «Dios es amor.» Como el Abbé Pierre, Carlos Huelin también nos desveló el verdadero rostro de Dios en sus muchos años de apostolado en los colegios Portaceli de Sevilla y San José de Málaga y desde hace diez años en la parroquia de san Ignacio de Loyola en Granada. A los que tuvimos el don de convivir con él, de acompañarlo en su larga aventura humana nos sedujo su carácter abierto, alegre, tolerante, maravillosamente bohemio en ocasiones, su sencilla y transparente lucidez que abría el corazón ajeno sea cual fuere la edad o la condición social de los que de alguna manera tenía a su cargo. Malagueño de nacimiento se hizo todo a todos porque en todos encontraba una oportunidad de amar, de entregarse.
Pero bajo todo ello, tras su permanente sonrisa, palpitaba un corazón misericordioso. No sé, pero me parece que Carlos debió interiorizar más que ningún otro el Evangelio de la Misericordia. Pobre con los pobres porque nunca necesitó nada para sí. Sencillo con los ignorantes porque entendía las razones de su ignorancia y luchaba por formarlos para recuperar el tiempo perdido. Indiferente a cualquier tipo de poder porque su Maestro fue maltratado por el poder político y religioso y él conquistó hace muchos años la libertad de los hijos de Dios. «Ven, bendito de mi Padre, porque me quedé parado y me buscaste trabajo; porque pasaba frío y me ofreciste el abrigo que acababan de regalarte; porque me cortaban la luz y pagaste a Sevillana; porque anciano y pobre te empeñaste en construirme una casa en los montes de Bolivia; porque enjugaste mis lágrimas cuando perdí a un ser querido; porque le enseñaste a los niños y a los jóvenes que Dios quiere que sean felices, alegres como tú, generosos con los demás como tú.» Ese Jesús de la compasión, del consuelo, del abrazo, el Jesús de los niños y los sencillos de corazón, el Jesús cercano que no llamaba a nadie siervo sino amigo, el Jesús que anteponía el amor a la ley, ese Jesús lo hizo tan suyo Carlos Huelin desde aquellos lejanos años de su incorporación a la Compañía de Jesús que, como Él, sólo necesitaba a los demás para quererlos.
«Pápa Carlos: has sido nuestro hermano, nuestro padre, nuestro abuelo…» le decía desde el altar un gitano de su parroquia en Almería el día de su entierro. También para muchos sevillanos ha sido nuestro compañero, nuestro amigo bueno, nuestro hermano que nos señalaba apuntando al corazón dónde estaba la Casa de Padre Dios como a él le gustaba decir.
Bienaventurado los misericordiosos. Bienaventurado tú, Carlos, porque ya vives en el abrazo eterno de la Misericordia.
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