Sevilla

Sevilla / NO DO

CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA PINCELADA

Día 23/02/2011

S una pena que el posmoderno Espadas no se haya apuntado un tanto vanguardista con la propuesta del Centro de Interpretación de la Tapa. Porque en esa Sevilla que presume de progresismo, y que no comete el impúdico y obsceno acto de sacarse la cartera para pagar la consumición, la tapa forma parte del añejo costumbrismo rancio. Lo moderno no es preguntar qué hay de tapa para que el camarero las recite como una letanía con su correspondiente soniquete. Eso pasó a la historia. Ahora lo que mola es ordenar, con gesto un punto displicente mientras se mueven los dedos índice y corazón de forma apropiada y circular, que la mesa se pueble de exquisiteces para ser compartidas por los comensales:

—Ponga usted unas pinceladas al centro…

D Esa es la clave. Hay que huir de la tapa, que está out, y degustar la pincelada, que es lo más in en esta Sevilla regida por el club de los im…putados. Si Velázquez se distinguió por la soltura de su pincelada, estos vividores a cuenta del presupuesto se caracterizan por la facilidad que tienen a la hora de tragar y trasegar sin soltar un euro de su bolsillo. Este Centro de Interpretación de la Pincelada podría contar con una serie de instituciones paralelas que nos mostraran el método ideal para darle al tenedor y al cristal sin necesidad de invertir un euro en tales placeres. Por ejemplo, el Observatorio de la Mariscada, a cuyo frente estaría el almirante Torrijos con ese acorazado Potemkim que, como bien señala Euleón, se ha reducido a un barco dedicado al arrastre de langostinos con premio, almejas de carril bici y bovagantes que pasarían el control veterinario para ser lidiados en la Maestranza. Seis bogavantes, seis, de la prestigiosa ganadería el marqués de Torrijos para los

diestros Fernando Mellet, Niño de Mercasevilla, y Daniel Ponce, Morenito del ERE, en un grandioso mano a mano…

Es una pena que Espadas, cuya lista electoral ha creado una expectación que nada tiene que ver con las listillas que le hacían a Alfredito Buena Gente desde el partido, no cuente para el Centro de Interpretación de la Pincelada con el prócer que más sabe de estos asuntos en Sevilla. No hace falta decir su nombre ni pronunciar su apellido. Es la mano derecha del alcalde saliente. Y el protagonista de una leyenda urbana que podría mancillar para siempre la fama que ha cosechado en la última década. Cuentan las malas lenguas que existe una foto donde se aprecia cómo está contando los billetes de su cartera, abierta de par en par como la de un vulgar currante por cuenta ajena, para pagar en un bar. Si eso fuera cierto, el mito se derrumbaría como el muro de Berlín o el tabique de Marchena…

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