Música / entrevista

«La música sin emoción nos lleva hasta Auswitch»

Día 12/03/2011 - 10.04h

Jordi Savall llegó ayer con el tiempo justo para actuar en el Festival de Música Antigua de Sevilla, antes de coger un avión que le llevará hasta Nueva York

Jordi Savall (Igualada, 1941) es un caso irrepetible en el mundo de la música clásica. Lleva más de cuarenta años investigando en un amplio repertorio, desde la Edad Media hasta el siglo XVIII. La única premisa es interpretar todo este amplio legado desde lo más hondo de su emoción. De hecho, y como el mismo reconoce, «la música sin emoción ni espiritualidad da como consecuencia Auswich».

—¿Se puede considerar la música antigua como de nuestro tiempo?

—Yo me considero un músico de nuestra época. Improviso en cada concierto y todo repertorio que se interprete hoy día es moderno, tanto como el que se compone en estos momentos. Tampoco descuido los músicos contemporáneos, pues en 2004 le encargamos a Arvo Pärt una pieza y compuso «Da Pacem», un motete que nos entregó justo el domingo después de los atentados de Madrid del 11-M.

—¿Cómo reparte su tiempo con tantos conciertos?

—Cada año hacemos cinco grabaciones discográficas y ofrezco 160 conciertos, de los cuales 50 son recitales. En nuestra fundación tenemos a 12 personas trabajando y en nuestro sello discográfico, Alia Vox, somos cuatro personas. Duermo una media de cinco horas diarias y a veces sólo tres, pero es el precio que tienes que pagar por hacer algo maravilloso.

—Usted fue nombrado en 2008 por la Unión Europea Embajador para el Diálogo Intercultural y Artista por la Paz. ¿Puede ayudar la música a unir a los pueblos, sobre todo en estos tiempos llenos de conflictos?

—La música es el único puente que queda entre Oriente y Occidente. De los 2000 años de tradición cristiana, durante 1.500 años tuvimos un lenguaje común, y obras como «Las Cantigas de Santa María» funcionan tocadas por músicos orientales. Dostoievski dijo que la verdad salvará al mundo, pero yo no lo considero como algo universal, sino algo de cada individuo. Si cada uno es sensible a la verdad y a la belleza, el mundo puede cambiar si los individuos hacen cambios en su entorno más cercano.

—¿Es posible que la música ayude en estos tiempos de crisis?

—En la época de crisis la cultura y sobre todo la música es necesaria porque ésta última manifestación es la que salvó a la gente. Los judíos que fueron expulsados de España encontraron su única esperanza en su música. Las músicas guardan siempre el potencial humano por la supervivencia, y no podemos quitarle la esperanza a la música.

—Tras tantos años de diálogo con la viola de gamba, ¿tiene aún cosas que aprender de este instrumento?

—Nunca terminas de aprender porque cada concierto es una experiencia nueva de volver a lo esencial. En el escenario tú estás solo y desnudo ante el instrumento. Por eso, mientras tenga forma física, seguiré tocando la viola y haré esos 160 conciertos anuales.

—¿Cree que el disco ha democratizado el mundo de la música?

—La clave del éxito del disco es que sea grabado en el momento de máximo sentimiento y emoción posible. Una vez tocamos durante toda la noche y el mejor instante fue a las tres de la madrugada, porque ahí la música salía del alma y estaba cargada de emoción y belleza. Es como el duende en el flamenco. En nuestro caso, con el sello Alia Vox estamos aumentando las ventas por internet un 30% cada año y la de los CD la incrementamos un 20%. Además presentamos textos atractivos en siete idiomas. El problema de las multinacionales es que no están ligadas con la vida de los artistas.

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