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Alaya, la juez que sabe demasiado

Distante, fría e imperturbable son algunos de los calificativos que definen a la juez, cuya investigación, tiene en jaque a la Junta. Pero Alaya es además una magistrada tan capacitada como vehemente en sus autos

Día 02/04/2011 - 22.31h

El destino o una casualidad quiso que Mercedes Alaya, la juez que tiene contra las cuerdas a la Junta de Andalucía, ocupe el mismo despacho que hace veinte años tenía Angel Márquez, aquel magistrado cuya investigación sobre las andanzas de Juan Guerra en su famoso despacho hizo dimitir al mismísimo vicepresidente del Gobierno. El caso es que ese juzgado, instrucción seis, parece el único de Sevilla. Es el que más titulares acapara. Su inquilina es una mujer a la que todo el mundo identifica, con miles de seguidores en el facebook pero a la que pocos conocen. Alaya, que nació hace 48 años y lleva 23 ejerciendo la judicatura, sigue siendo un enigma. Quizás a ello contribuye un carácter distante y que es profundamente reservada. «No admite un momento de relax y guarda mucho las distancias con las partes», dice un letrado.

Antes de llegar a instrucción 6 pasó por otros cuatro destinos. Primero, nada más ingresar en la carrera en 1988 estuvo en un juzgado de instrucción y primera instancia en Carmona, donde se quedó un año. De allí paso a otro órgano similar en Fuengirola. Tras dos años llegó a Sevilla donde se hizo cargo del juzgado de primera instancia número 20 hasta 1998 en que pasó al órgano que ahora regenta y que le ha dado la fama por las investigaciones que lleva.

Si en algo coinciden todos es en que su capacidad de trabajo es descomunal. «Es como las pilas que sigue y sigue y no se achanta» comenta un abogado que apunta que «harían falta muchos como ella». Y eso porque, aunque nunca llega antes de las 9 (antes suele llevar al colegio a sus hijos) raro es el día en que no sobrepasa la hora irse. Y son muchas las jornadas en que le dan las cinco sin comer.

Nadie duda tampoco de su talento del que incluso los funcionarios de su juzgado se sorprenden a veces. «Es muy inteligente, lo tiene todo en la cabeza», dice uno. De hecho, esa distancia que la juez muestra en el despacho, no la demuestra, dicen los trabajadores, en la oficina judicial. Pese a que sus compañeros se deshacen en elogios con ella, nunca se la ve tomando café con ninguno ni en corrillos de magistrados en las puertas del juzgado. «Nunca la he visto en una comida de jueces», relata uno de ellos que tampoco la recuerda en ninguna asociación.

Y también figura entre el grupo de jueces que ni siquiera saludan a la prensa (lejos de aquellos que departen con periodistas). Quizás sea porque es supercelosa del secreto del sumario y cree que no hay que dar cuentas ni siquiera al gabinete de prensa del TSJA (que la mayoría de jueces usan) sobre las diligencias que instruye. En esas investigaciones tampoco se deja intimidar por ningún letrado pese a que fue incluso recusada. Pero salió victoriosa y se defiende con un léxico «demasiado directo» siempre a través de resoluciones en las que se deja llevar por la vehemencia que esconde tras una vestimenta siempre impecable y un gesto impasible. No la pierdan de vista. Su trabajo seguirá dando que hablar.

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