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El barco del carbón

De nuevo estrena La Carretería su Barco, restaurado hasta la perfección del último detalle: «Como la primera vez»

Día 22/04/2011 - 01.16h

A las tres de la tarde del Viernes Santo, cuando negras nubes cubrieron el Calvario, al Arenal se le pone, mire usted si Dios es grande en el Sinaí de mi barrio, un sol alto y antiguo. Un sol de Tendido 12. Del Postigo y de la Cestería van llegando los nazarenos azules de la Carretería, velazqueños. La nieta de María Galiana, con el paladar carretero de su abuela, lo ha descubierto. Enseñaban las Meninas a las niñas, y cuando señalaron a Velázquez, con su negro pecho cruzado por la roja venera de Santiago, la verdad de los niños y de los locos proclamó:

—¡Andá, si Velázquez era de la Carretería!

Naturalmente que era. Velázquez pintó la luz de Madrid acordándose de su sevillano cielo azul Carretería. A Velázquez le tiraba tanto ponerse la cruz de Santiago al pecho, hasta sin antifaz, porque era de La Carretería. De ese tiempo en que Velázquez pintaba austrias y meninas es esta hermandad; son estos nazarenos que lucen y relucen azules terciopelos, dorados cíngulos y guantes negros, cuando la campanita de La Caridad da las tres de la tarde y al Arenal se le pone sol de paseíllo del Domingo de Resurrección.

No hay nada nuevo bajo el sol. Hay mucho antiguo bajo este sol de la cofradía romántica. Sol de Delicias Viejas, de flores de lis, de sombrilla de la Infanta Luisa Fernanda, del descreído Duque de Montpensier protegiendo cofradías para que su frac no le huela a azufre a Sevilla. Del muelle de la memoria del Arenal va a zarpar el viejo Barco del Carbón. Es mentira que lo labrara el Maestro Muñiz en 1922. El carretero y muy marinero Barco del Carbón es de antes. Por lo menos de tiempos de su primo hermano «El Real Fernando», que como en un Domingo de Ramos estrenó el vapor en el muelle de Sevilla. Antes que La Carretería sacara por vez primera la canastilla de este impresionante misterio del Cristo de la Salud y de la Virgen de la Luz en el Misterio de sus Tres Necesidades, los viejos costaleros que estibaban barcos en el muelle ya lo conocían. No sabían a ciencia cierta si era galeón a lo divino de la Carrera de Indias o vapor de llevar la Fe hasta América. Era tan negra su caoba, sin la marroncita nogalina falsa que luego le pusieron a lo largo de los años en la hojarasca de sus relieves; sobre ese negro de cisco picón destacaban tanto su dorada maroma y las garras de sus zancos, que saltaría la gracia de Triana que había en el muelle:

—¡Compare, esto es el Barco del Carbón!

Para mí que entonces fue cuando los costaleros empezaron a llamarles barcos a todos los grandes pasos de misterio. Hoy se lo volverán a llamar. De nuevo estrena La Carretería su Barco del Carbón, restaurado y restituido hasta la perfección del último detalle: «Como la primera vez» de la «Cruz de Mayo sevillana» de Font de Anta. Nada nuevo bajo el sol. Todo antiguo. Tan antiguo como el cante que vuelve a salir del mostrador de una taberna en la calle Arfe: «A este Arenal marinero/envidia dais, costaleros,/que lleváis muerto en la Cruz/al Cristo de la Salud/y en la amura de un costero/a la Virgen de la Luz,/ ¡óle el barco carretero!».

Y cuando suene por vez primera el llamador, tan dorado como la maroma marinera que apresa tanta belleza antigua, quizá se escuche una saeta que le dirá al patero del zanco de la garra:

Media vida yo daría

por alzar como alzas tú

al Cristo de la Salud

a este cielo, tan azul...

que es azul Carretería.

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