Toros

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Manzanares y Cuvillo, la cumbre del toreo

La mejor forma de soñar el toreo, de gozar la plenitud de este arte que, desde ayer, cobra una nueva dimensión merced a una obra de arte

Día 01/05/2011 - 07.44h
Manzanares y Cuvillo, la cumbre del toreo

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Histórico, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su tercera acepción, es algo «digno, por la trascendencia que se le atribuye, de figurar en la historia».

En el toreo, como en otras facetas de la vida diaria, es palabra utilizada de manera habitual, por lo que suele perder su verdadero significado. Empero, a servidor, tras lo vivido y sentido ayer en la Maestranza, se me queda pequeña esta acepción. Con ser grande, me decanto más por el término «cumbre», que cuando se dice en el toreo viene a calificar que lo que se ha realizado ha sido, más o menos, el «no va más».

Pues histórico, cumbre y todos los adjetivos que usted, querido lector, quiera poner en estas líneas, tienen cabida para definir lo sucedido en Sevilla. José María Manzanares y Núñez del Cuvillo han escrito una página que, cuando pasen los años, cobrará su verdadera y auténtica dimensión. Porque va más allá de lo histórico y cumbre. Que un hombre y un toro alcancen tal nivel de conjunción en una plaza de la categoría de la Maestranza pocas veces podrá contemplarse. No digo yo que no vuelva a suceder, pero va a ser difícil, muy difícil, que sea pronto. Dios quiera que me equivoque, pero entre Manzanares y «Arrojado» ayer se consolidó no sólo el toreo eterno y las embestidas sublimes, sino también el mayor y mejor monumento que pueda esculpirse en favor de la Fiesta Nacional.

Un toro, «Arrojado», ha vuelto al campo del que salió para vender cara su vida. Y lo hizo como siempre lo hicieron los toros bravos: embistiendo, queriendo coger la muleta que le ofrecía, sin trampa ni cartón alguno, sólo con la verdad del toreo —la más grande, oiga—, el hombre. Manzanares, abandonado, extasiado, borracho de arte, explicaba por qué este arte es inigualable y por qué cuando el toro es capaz de embestir como lo hizo «Arrojado» se le perdona la vida. Y esto, amigo, no lo entienden ni lo entenderán jamás los antitaurinos oportunistas que buscan cualquier motivo para «embestir» a los toros.

Manzanares y Núñez del Cuvillo, la cumbre del toreo en el templo del toreo. La mejor forma de soñar el toreo, de gozar la plenitud de este arte que, desde ayer, cobra una nueva dimensión merced a una obra de arte tan grande como efímera pero que queda grabada de manera indeleble en la retina de todos los que tuvimos la inmensa suerte de estar en la Maestranza.

Y que nadie me venga ahora a debatir si el indulto era merecido o no. Me niego a gastar una palabra para rebatir a los que pontifican y echan mano del Reglamento taurino. Si hay alguien que ponga en duda que lo vivido ayer en la Maestranza es discutible, mejor que se dedique a otra cosa. El toreo es esto. Y Manzanares y Cuvillo lo explicaron ayer.

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