el foto matón
Jornada de reflexión en un banco
Sin el menor pudor, durante estos quince días se han retratado en la lucha por sus verdaderas aspiraciones: el pan nuestro de cada día

La repulsiva exhibición que han dado los políticos en esta campaña electoral no es casual. Sin el menor pudor, durante estos quince días se han retratado en la lucha por sus verdaderas aspiraciones: el pan nuestro de cada día. Si el sistema al más alto nivel hace aguas, en la micropolítica municipal lleva años naufragando. Porque la profesionalización de los políticos es, en sí misma, la raíz de la corrupción. Hay quien se sube al atril de un mitin sencillamente a guardar su portería al estilo Quincoces, aquel central del Madrid de los años 30 que llevaba en su propio apellido el secreto de una buena defensa. Se han dado muchas coces en esta campaña porque se le ha perdido el respeto a la inteligencia de la gente y al honor de servir a los demás. Y mientras tanto, la calle sigue parada. Llenos los comedores sociales. Subiendo la luz y el agua. Los coches aparcados porque no hay quien pague la gasolina a este precio. Los pisos embargados. Y el euríbor ascendiendo a la chita callando para que los bancos terminen de asfixiar a quienes todavía pueden pagar su hipoteca. Aquí se ha gobernado a lo grande sin que el presidente Zapatero supiera cuánto costaba un café en la calle. Se han construido setas millonarias pero se ha parado la red de metro. Se ha abusado de la gradilocuencia mientras se despreciaba la necesidad. Y la gente se ha hartado. No quiere saber nada de esos señores que salen ahí a promulgar consignas fútiles y cándidas en el mejor de los casos, o arteras en el peor de ellos. En estos días previos a las urnas hemos tenido que aguantar que nos digan que en Los Remedios se levantan a las once, que los del PP fusilarían a los del PSOE si pudieran o que la juez que instruye el caso Mercasevilla «obedece a una especie de operación respaldada por los ladrilleros sevillanos para montar al partido de la gaviota en la Alcaldía de Sevilla». Esto último lo ha dicho el comunista Cayo Lara para defender a su camarada Torrijos. No hay forma más clara de exponer tus convicciones sobre la democracia a las puertas de unas elecciones. Atacar a los jueces, que son una de las patas sobre las que se sostiene el sistema, es lo mismo que gritar que no se cree en el sistema. Porque aquí lo único en lo que se tiene fe es en el sillón desde el que se da de comer a los hijos del carné en la boca. Y eso hay que defenderlo como Quincoces mantenía a cero la portería del Madrid. ¿ Quién no ha visto en su ciudad, o en su pequeño pueblo, a los políticos dando patadas durante estos días? Cualquier cosa para mantener el cortijo de quienes no tienen adonde ir cuando el pueblo los bote, con be.
Esa es la miseria que nos rodea y que ha dado aliento a quienes se han desperezado en las plazas de las grandes ciudades para exigir una democracia real. Antes, mientras en los bancos te daban préstamos presentando un tique del supermercado, esta podredumbre se tapaba con el olor del dinero . Ahora, como dice el anuncio de una entidad financiera, tu banco y cada día el de más gente es ése en el que está sentado ese señor. Que probablemente estará tarareando aquélla de Lluis Llach: «No era esto, compañeros, no era esto, por lo que murieron tantas flores, por lo que lloramos tantos anhelos. Quizás debamos ser valientes de nuevo y decir: no, amigos, no era esto». Que los políticos no olviden a Lorca: «Las flores, que no galleen demasiado su hermosura, porque les pondrán esposas y las harán vivir sobre los vientres corrompidos de los muertos». Ésta es mi reflexión en el banco, sentado en silencio junto a ese hombre cualquiera.
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