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«El pesimista que se queja de todo es contagioso y conviene alejarse de él»

El catalán Alex Rovira, escritor y economista, ganador del premio Ciudad de Torrevieja, ha apadrinado la última campaña de Cruzcampo, cuyo lema es «todos necesitamos un poco de Sur para no perder el Norte»

Día 07/06/2011 - 08.01h

Alex Rovira (Barcelona, 1969) es licenciado en Ciencias Empresariales y MBA en Esade, donde dirige seminarios de innovación para altos directivos de empresas y ongs. Su ensayo «La buena suerte» vendió más de 3 millones de copias y fue traducida a 42 idiomas. Es autor también de «La buena vida» y «La buena crisis». Con «La última respuesta», su primera novela, que escribió con Francesc Miralles, ganó el premio Ciudad de Torrevieja.

—Usted sostiene que todos tenemos un lado «Norte», responsable, lleno de obligaciones y deberes; y un lado «Sur», de disfrute, alegría y diversión. Cuando hay un conflicto de intereses entre ambos ¿por cuál de los dos que hay que decantarse?

—Depende de la situación. Todos tenemos esa necesaria dualidad entre la razón y la emoción, entre el pensamiento y el sentimiento. El pensamiento nos lleva a la conclusión y la emoción a la acción. Decía Platón que no hay persona en el mundo, por cobarde que sea, que no pueda convertirse en un héroe por amor. La reflexión es fundamental para la elaboración, pero hay veces que si nos centramos demasiado en la reflexión no decidimos. Cuando tú le preguntas a alguien en qué momento se han tomado decisiones importantes en suvida, te suele decir que lo que más ha pesado es la emoción, que es la que te da el impulso.

—El lema de la campaña de Cruzcampo es «No pierdas el Sur». ¿Es que lo estamos perdiendo?

—La situación económica que vivimos es crítica pero en lo cotidiano no deberíamos perder la alegría, la amabilidad y la voluntad de sembrar lo positivo. Y eso es Sur.

—Pero a los habitantes de países con mucho lado «Norte» como los alemanes, parece que les va mejor; mientras a los que tenemos mucho «Sur» nos está yendo peor...

—En mi opinión, el que nos vaya mal en España tiene más que ver con que se han hecho muy mal las cosas, con que se ha gestionado mal la crisis que con que tengamos mucho lado «Sur».

—Antes el Norte era rico y el Sur era pobre, pero la globalización está cambiando estos conceptos. ¿Cómo los redefiniría ahora?

—Los paradigmas se redefinirán aún más en el futuro. El veneno está en la dosis. Si te pasas de racionalización, puedes llegar a la parálisis por exceso de análisis; si te pasa de emoción pierdes el sentido común y los pies del suelo. A un niño le tienes que dar límites pero también ternura; si falta alguno de los dos, su desarrollo psicológico no estará equilibrado.

—Aceptemos que una cerveza fresquita en la calle es «Sur». ¿Me puede decir si hay algo en el lado «Sur» que no le guste a alguien del lado «Norte»?

—No he hecho el estudio, pero todos necesitamos el lado «Sur». Al final lo que da sentido a la vida es el lado Sur. A Víctor Frankel, el psiquiatra judío al que mataron a toda su familia y que sobrevivió a un campo de concentración, cuando iba a verle a la consulta alguien contándole desgracias, le preguntaba que por qué no se suicidaba; entonces el paciente le decía que no se suicidaba por amor, porque había alguien o algo a lo que amaba.

—Habla del amor. ¿La vida sin amor no es vida?

—No, no lo es. La vida sin afecto y sin amor no es vida, sin compasión, sin voluntad de servir, sin pasión, no es vida. Somos hijos del amor. Debemos poner la inteligencia al servicio del amor.

—¿Qué es lo que puede hacer feliz a una persona?

—A raíz del éxito de mi libro «La buena suerte», mucho lectores me pedían que les diera «siete poderes» o cualidades para ser felices. Para mí son siete: el coraje, entendido no como la ausencia de miedo sino como la decisión de enfrentarse a las cosas y luchar por lo que merece la pena; responsabilidad, en cuanto a habilidad para responder a las crisis que nos presenta la vida; el propósito, como la voluntad de encarnar objetivos;, la humildad, como la capacidad de admirarse ante el mundo y de agradecer lo que tenemos; la confianza, que es el lubricante social fundamental; el amor, para mí el más importante de todas; y la cooperación.

—Hablando de cooperación, ¿no será en eso en lo que el Barça es mucho mejor que los demás clubes ?

—Confieso que soy del Barça pero no soy futbolero ni me sé completa su alineación, pero su factor de éxito en estos últimos años ha sido la amistad entre los jugadores, que no hay narcisismos ni unos que quieran destacar sobre otros y que hay una gran humildad. Todos sus jugadores encarnan muy bien esos «siete poderes».

—¿Y el Barça no cree que tiene mucho lado «Sur», aunque sea catalán?

—El Barsa tiene mucho lado Norte, pero también, en efecto, tiene mucho lado Sur, porque si no no disfrutarían sus jugadores como disfrutan.

—Usted dice que el Sur es un «estado mental». ¿Podemos entonces volvernos locos si nos pasamos de Sur?

—Todos los extremos te hacen perder el equilibro. A veces son necesarias determinadas dosis de una dimensión y de otra. Los extremos nos llevan a situaciones complicadas y creo que hay que huir de ellos. Por eso es tan importante no perder el Norte como no perder el Sur.

—Usted es catalán y yo soy andaluz. ¿El mayor paro y menor desarrollo que tiene Andalucía se deben a que tiene más Sur que Cataluña o, más bien a que tiene menos Norte?

—No sabría qué decirle. Andalucía es como es y Cataluña es como es. Pero le digo que yo necesito mi dosis de Sevilla y de Andalucía.

—¿La tecnología puede ayudarnos a ser felices, pero también a lo contrario?

—Sí. La tecnología nos puede aportar mucho bienestar, pero también nos puede llevar al ensimismamiento y a perder el sentido de la realidad. Es un arma de doble filo. Internet puede ser genial pero también hacer mucho daño. A los jóvenes les preguntaban en una encuesta por la importancia de facebook y la mayoría de ellos decían que preferirían perder el sentido del olfato a no tener facebook.

—¿La suerte es como la inspiración: llega sola o hay que buscarla?

—Schopenhäuer decía que el azar reparte las cartas pero que nosotros las jugamos. Hay un factor de azar incontrolable, hay personas bellísimas que reciben golpes desgraciados, sin merecerlos, un accidente, etc, pero hay una suerte que es trabajo, responsabilidad, perseverancia, aunque desde fuera se atribuya al azar. La buena suerte de verdad es la que uno se trabaja para uno y para su entorno.

—Usted dice que ser optimista contribuye al bienestar emocional y que las personas optimistas viven más y mejor. ¿Hay que alejarse, pues, de los pesimistas?

—Yo entiendo a un optimista no como a un ingenuo que dice todo irá bien, sino al que dice que esto va a ir bien porque estamos trabajando para que vaya bien. Se ha descubierto en investigaciones sociales una relación entre el optimismo y la acción transformadora, y entre el pesimismo y la resignación. El pesimista dice que esto no tiene arreglo y no hace nada, y eso es lo peor. Y de él conviene alejarse porque el pesimismo es contagioso.

«Las crisis son buenas»

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