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Quitapesar para Peregil

Como no te protejan, los que les vamos a reñir a los Cristos ahora vamos a ser nosotros, José

Día 09/06/2011 - 23.49h

Hay artículos escritos a petición de parte, y el presente es uno de ellos. No es el primero. Cuando el torero Julio Pérez Vito iba a cumplir 85 años, me llamó y me dijo:

—Antonio, hijo, yo quiero que me dediques el artículo del lunes, porque ese día cumplo los 85 años y sería una cosa muy bonita.

Lo fue. Tan bonita, que ese Vito del que he dicho que se le nota que es torero hasta en pijama y en zapatillas, de los andares, está todavía repartiendo fotocopias. El presente es otro artículo a petición de parte. Si yo les digo que José Pérez Blanco me ha pedido que se lo escriba, se quedarán como su segundo apellido: in albis. Pero si les digo que me lo ha pedido Pepe Peregil el cantaor y tabernero de «Quitapesares», que responde a ese nombre, esbozarán una sonrisa, como siempre que escuchamos la infinita gracia de José.

Pasaba yo la otra mañana por Santa Catalina, cuando al entrar por la calle Santiago me encontré con Peregil. Iba como hacia la plaza, arrastrando un carrito con ruedas de ir a la compra.

—¿Dónde vas con la carmela, José?

—Ahí que voy a comprar veinte kilos de caracoles. Pero qué alegría encontrarte, Antonio, porque yo quiero que me escribas un artículo. Mira, en Sevilla da gusto morirse porque... ¡les escribes tú luego unos gorigoris más bonitos a los que la palman! Pero yo quiero que me escribas una cosa así ahora, para que la pueda yo leer, Antonio, hijo, porque estoy muy malito...

—Anda ya, Pepe, si tienes una cara magnífica para ir a comprar caracoles...

—Déjate de cachondeo, Antonio, que me han descubierto una cosa mala y todo esto que me ves es fachada, por eso necesito que me escribas una de esas cosas tan bonitas que escribes tú.

Y como de las bromas de «Quitapesares» habíamos pasado directamente a Valdés Leal, pues aquí está ese artículo que me pides, José, como cada Domingo de Ramos está puntual tu saeta al Cristo de San Roque desde un balcón de la calle Jáuregui. Sé que con este artículo te vas a curar, José. Con uno así saqué de la UVI a Don Álvaro Domecq, una vez que estaba muy malito y le escribí una cosa que se titulaba «Don Álvaro a La Ina en punto». El otro día, ya viste el pedazo de artículo que le recetó el doctor Paco Robles a Rafa Serna, que también anda regular y que si tiene rapada la cabeza es porque es un quinto que el otro día juró bandera en Capitanía, óooole. Los artículos tienen propiedades terapéuticas y el presente te va a servir de momento para que hoy te llame toda esa Sevilla que te quiere y te tiene tanta ley como te tengo yo. Venga, José, vamos a alegrarnos. Cántanos un fandango de cuernos, ya que ibas a por caracoles. O cuéntanos una de las «Ocurrencias» que pusiste en tu libro. ¿Quién fue, José el de la Tomasa, el guasón que dijo que tú no les cantabas saetas a los Cristos, que tú les reñías? Pues que sepas, José, que todos esos Cristos a los que les reñiste desde todos los balcones de Sevilla te van a proteger ahora y a devolver la Salud, como se llama el mío de La Carretería. Y como no te protejan, los que les vamos a reñir a los Cristos ahora vamos a ser nosotros, José, aunque no sepamos rezarles por saetas echando el alma por la boca. Como tú.

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