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Un historiador halla pruebas de que Mateo Alemán murió en 1614 en la extrema pobreza

Juan Cartaya ha dado «por casualidad» con el documento que acredita la muerte del escritor

Día 31/07/2011 - 08.13h

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Tocará actualizar la Wikipedia y demás portales de internet, además de las biografías en papel de los especialistas Michel Cavillac y Donald MacGrady, que relatan la vida y obra del escritor y buscavidas sevillano Mateo Alemán. ¿La razón? El doctor en Historia Moderna Juan Cartaya ha encontrado, como él mismo dice «por casualidad», documentación hasta ahora inédita que resuelve uno de los interrogantes que pesaban sobre el autor del mejor exponente de la novela picaresca, con permiso de «El lazarillo de Tormes» (1554), el «Guzmán de Alfarache» (en 1599 se publicó la primera parte y en 1604 la segunda).

«Mateo Alemán murió en 1614 y en la más absoluta pobreza», resume en una frase Cartaya. Dicho así, podría parecer una nimiedad, pero es que resulta que hasta ahora se ignoraba cuándo se produjo el óbito —que le sobrevino en México, Nueva España, a los 67 años de edad— y mucho menos las circunstancias.

Resulta paradójico que un escritor que gozó del privilegio de saber que había escrito el que probablemente sea el primer superventas de la historia a finales del siglo XVI —fue un auténtico fenómeno editorial— acabase sus días hundido en la miseria, hasta el punto de que sus conocidos tuvieron que proporcionarle un entierro de caridad. «Su obra cumbre, el «Guzmán de Alfarache», fue un bombazo en la época y no sólo en España, sino en Europa. Inmediatamente se imprimieron tiradas importantes, pero eso no le salvó de su necesidad permanente, pues la mayor parte de los beneficios de las ventas se los llevaban los impresores, a lo que hay que unir que sólo se hicieron tres ediciones oficiales, pero infinidad piratas, incluso en otros idiomas, por las que no vio ningún dinero y le dieron muchos dolores de cabeza», explica Juan Cartaya.

Y así es que, de alguna forma, ese triste final en la pobredumbre resume lo que fue la atribulada existencia de un hombre que, como describe el historiador sevillano, «era un superviviente nato que vivió trampeando toda su vida». Una vida de película que le llevó a la cárcel en dos ocasiones, una de ellas en Sevilla, y por las mismas fechas en que Cervantes, que nació curiosamente el mismo año que Mateo Alemán, en 1547, alumbraba otro hito de la literatura universal: «El Quijote».

«Qué suerte la mía»

El hallazgo documental se ha producido cuando Cartaya se encontraba en un archivo sevillano que por celo profesional no especifica realizando una de sus investigaciones. Este historiador pertenece a un grupo de investigación de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla y es especialista en la aristocracia sevillana de los siglos XVI y XVII. Además, el pasado marzo defendió su tesis doctoral sobre los fundadores de la Real Maestranza de Caballería en 1670. Es decir, ni la literatura ni Mateo Alemán en particular están entre sus objetos de estudios, pero...

«Pero por pura suerte, entre los papeles que ojeaba, me topé con un documento en el que se daba cuenta de la muerte de Mateo Alemán y me he sentido en la obligación de darlo a conocer. El hallazgo ha sido una maravillosa casualidad por la importancia del personaje y, sobre todo, de su obra», valora. Y no dejará pasar la ocasión de publicar un artículo en una revista especializada.

El documento hallado es una instrucción testamentaria mediante la cual Catalina de Espinosa, esposa de Mateo Alemán, ordena crear una fundación piadosa en bien de su alma. Y resulta que para poderla llevar a cabo, se tenía que demostrar primero que su marido había fallecido, por lo que se aportan todos los detalles, con testimonios orales recopilados de testigos que dan fe de su muerte en México, lo que se sabía, pero incluyendo el año del óbito: 1614, lo que se desconocía hasta ahora.

«Su matrimonio fue de conveniencia. Tuvo que casarse con Catalina de Espinosa para que le fuera condonada en parte una de sus muchas deudas derivadas de una serie de negocios que le fueron calamitosamente mal», refiere el historiador. No tuvo descendencia con su esposa y apenas vivieron juntos. De hecho, tuvo una familia paralela en Madrid con Francisca Calderón, que le dio tres hijos: Antonio, Ana y Margarita.

La fundación piadosa que su mujer sevillana dispuso crear en la iglesia de San Hermenegildo requería que, a la muerte de ésta, se liberase la dote que puso para el matrimonio para este menester. Por ello era de suma importancia acreditar legalmente, a la muerte de Catalina de Espinosa en 1619, que su marido, del que se hallaba separada desde hacía años, había muerto con anterioridad, pues de lo contrario la dote iría a parar a manos de Mateo Alemán. Fue entonces cuando el albacea de la esposa instruyó un expediente con la información requerida y la última voluntad de Catalina de Espinosa, el mismo con el que se ha topado Juan Cartaya y que vale su peso en oro.

Ese expediente se le presentó al teniente de asistente de Sevilla, Pedro Alanís, quien le dio validez. En sus páginas se aportan numerosos testimonios de amigos y parientes de Mateo Alemán, de entre los que destacan tres que son los que dan la información de su muerte en 1614 y sus circunstancias. Se trata de las declaraciones de Luis de Medina, el famoso mercader Miguel de Neve y del primo de Mateo Alemán Diego Albín de Moscoso. Los dos primeros, además, asistieron al entierro y refrendan que no había de donde pagarlo, por lo que fue de caridad.

Miguel de Neve dice exactamente que «oyo decir a baltasar de cabrera que auia quedado por su aluaçea que se auia pedido limosna para enterrallo», y su primo apostilla «que murio en la ciu[DAD]º de mexico de la nueua españa en el año de mil y seyscientos y catorce y lo saue porque asi se lo auisso por carta de la Dha çiudad geronimo aleman de figueroa a el h[ERMA]nº de este testigo y primo hermano del dicho difunto por el dho tiempo». El tal Gerónimo Alemán de Figueroa era otro primo de Mateo Aléman que ejercía en México de escribano y que se encargó de transmitir a Sevilla la noticia del fallecimiento.

«De Mateo Alemán no se sabía nada a partir de 1613, cuando escribe su último libro, una semblanza dedicada a su amigo y protector el arzobispo fray García Guerra, virrey de México que falleció prematuramente en 1612, lo que probablemente privó a nuestro personaje de una vida más aseada y con más medios. Como también le salió mal su jugada de cobrar la herencia de un familiar fallecido precisamente en México. Y es que así fue siempre su vida: inventando, trampeando, sobreviviendo, lo que reflejó a la perfección en la obra por la que es inmortal», concluye Cartaya.

Hitos biográficos de Mateo Alemán

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