Andalucía

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Un río de ácido sulfúrico

El vertido de Aznalcóllar fue la mayor catástrofe natural de Andalucía, una desgracia que pudo evitarse

Día 08/12/2011 - 12.58h

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En la madrugada de un 25 de abril de hace más de trece años se rompía el muro de la balsa de residuos de la mina de Aznalcóllar que gestionaba la empresa Boliden, dando inicio al mayor desastre natural que ha sufrido Andalucía. En el vertido se diseminaron cien veces más contaminantes de los que liberó el buque «Prestige» que se rompió frente a las costas gallegas. La tragedia no llegó a afectar al Parque Nacional de Doñana, pero dejó escapar seis millones de metros cúbicos de agua y lodos tóxicos de pirita en el río Guadiamar, que desemboca en ese espacio natural. Pero lo peor de todo es que, según denunciaron repetidamente los ecologistas, el desastre pudo haberse evitado, ya que aquellos presentaron hasta una docena de denuncias entre 1994 y 1997 alertando de filtraciones de aguas ácidas que no fueron atendidas por la administración competente, esto es, la Junta de Andalucía.

A pesar de ello, la administración no tomó ninguna acción contra la empresa Boliden, propietaria de la mina de Aznalcóllar, hasta que la balsa se rompió el 25 de abril. Por el cauce del Guadiamar bajó entonces la lengua tóxica del vertido, que, tal como relataron entonces los que trabajaron en su limpieza, convirtió el agua, que alcanzó un Ph del 2,5. casi en ácido sulfúrico.

La suerte para que el vertido no llegara a mayores fue que el agua se ralentizó tras producirse el vertido, lo que permitió construir rápidamente un dique doce kilómetros más abajo y evitar de esta manera que entrara en la marima y afectara a Doñana.

Pero no fue ese el único factor accidental que ayudó a que la catástrofe no fuera aún mayor. De entrada, la rotura de la balsa se produjo de madrugada, lo que redundó en que no hubiera que lamentar desgracias personales. Si la balsa se hubiera roto durante el día podría haber afectado a las cientos de personas que hubieran estado trabajando sus tierras o cuidando su ganado, por no hablar de los excursionistas que solían dejarse caer por la rivera del río.

La suerte también quiso que 1998 fuera un año seco, ya que no llovió aquella primavera y las lluvias de otoño se retrasaron. El año anterior había sido muy lluvioso, lo que contribuyó a un exceso de presión en la balsa que facilitó su rotura. Si aquel año la pluviometría hubiera sido normal, las cosas se hubieran complicado mucho más.

Una vez controlado el vertido, la Junta acometió unas ingentes tareas de limpieza y restauración de la zona afectada del Guadiamar, convirtiéndolo en un corredor verde. Allí continúan las labores de reforestación y conservación, además de haberse prohibido la pesca, la caza, el pastoreo y la recolección.

El coste de aquella restauración ascendió a 89,9 millones de euros, que la Junta pretende que pague la empresa propietaria de la mina, la sueca Boliden. Para ello, el Gobierno andaluz inició una batalla legal que hasta la fecha ha dado pocos frutos en los tribunales, que han eximido a la firma de cualquier tipo de pago.

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