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Economía / especial alemania y españa: destino común

Alemania necesita 30.000 ingenieros superiores

La cantera de universitarios españoles representa una de sus mejores opciones

Día 28/03/2012 - 12.47h

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Jóvenes de 25 a 35 años, altamente cualificados y sin cargas familiares. El perfil del «nuevo emigrante español» en la Alemania del siglo XXI se aleja cada vez más del tópico con tintes algo nostálgicos de los años sesenta. Uno o más títulos universitarios, másters de renombre, prácticas en el extranjero, dominio de varios idiomas y un constante deambular por los lugares más recónditos del planeta, componen un prometedor curriculum que se completa con el dominio innato de las nuevas tecnologías y una adictiva actividad internauta. Un selecto grupo que forma parte de lo que se denomina en sociología «emigración selectiva» o «fuga de cerebros», la última adaptación de la Ley de Darwin y su evolución de la especie a los tiempos que corren.

De la maleta con lo puesto y la extrema necesidad con la que cruzaron por primera vez la frontera los primeros españoles que buscaban en el espejismo alemán la esperanza de un futuro mejor, hemos pasado a tener, entre nuestros bienes más exportables, una joven cantera de profesionales dispuestos a estrenarse en ligas tan internacionales como la germana. Cinco décadas después de la llegada de ese español honrado, trabajador y con buen oficio, que encajaba como anillo al dedo en las productivas fábricas de Centroeuropa y ahorraba hasta el último marco para gastarlo en suelo español, Alemania vuelve a nutrirse de nuestra mano de obra para garantizar la supervivencia de una nación con un claro agujero demográfico: el progresivo envejecimiento de su población no puede dar respuesta al crecimiento económico del país. Esta vez son jóvenes sin experiencia pero con una alta formación académica —principalmente ingenieros y profesionales del sector IT— los que se suben al carro alemán, mientras la nave española hace aguas.

La generación universitaria mejor preparada de nuestra historia sobrelleva así la falta de flexibilidad de un mercado laboral que, lastrado por el sobrepeso de la crisis económica, roza los cinco millones de parados y acumula la tasa de desempleo juvenil más alta de la Unión Europea. En vísperas de un más que necesario crecimiento, y con una primera tanda de históricas reformas gubernamentales encaminadas a generar empleo e incentivar el crédito, de momento no hay trabajo ni remuneración suficiente para incorporar al mercado español a las nuevas promociones de ingenieros que cada año se gradúan en nuestras universidades. Sobre todo si se tiene en cuenta que el sueldo bruto de un recién licenciado con base en Berlín, Múnich o Hamburgo —por citar algunas de las principales paradas del talento español en el tren alemán— oscila entre los 40.000 y los 50.000 euros anuales e incluye un contrato mínimo de uno a dos años de duración.

Alemania, como otros destinos «estrella» dentro y fuera del entorno comunitario, cuelga en internet —la principal vía de captación de jóvenes españoles, según la plataforma de empleo Monster, que elabora un detallado informe anual sobre contratación en el país— ofertas más competitivas y atractivas, tanto desde el punto de vista profesional como económico, lo que hace que muchos licenciados se sientan más valorados en el extranjero que en España. Según el Departamento de Movilidad Internacional del Grupo Adecco, las personas que responden a este perfil mantienen como prioridades laborales la responsabilidad de su puesto, la autonomía profesional y la perspectiva de hacer carrera en la propia empresa.

De la necesidad a la oportunidad

La disminución de barreras formativas entre socios de la UE —con la homologación y convalidación de títulos— y la libre circulación de estudiantes y trabajadores —gracias a la reducción de trabas burocráticas— ha facilitado aún más el salto geográfico, en una aldea global cada vez más homogénea, donde las distancias físicas y emocionales son también cada vez más cortas. La visión de la experiencia migratoria se ha modificado también profundamente: lo que hace años se entendía como una pura necesidad hoy se ha convertido en una clara oportunidad.

A todo ello contribuye además el arraigo de lo que podríamos llamar «la cultura del estudiante Erasmus», un programa muy extendido de intercambio universitario que ha permitido a muchos jóvenes observar de cerca las «bondades» del mercado alemán y valorar las posibilidades que este ofrece, además de estudiar y practicar el idioma. Es sin duda el año de reclutamiento de mucho cerebros españoles aún por explotar.

El 27 de enero de 2011 se inició la colaboración entre los servicios públicos de Empleo de España y Alemania —a través de la red EURES— para la puesta en marcha de un proyecto encaminado al reclutamiento de personal cualificado español que deseara trabajar en Alemania en los siguiente sectores: sanidad (médicos y enfermeros); ingeniería (preferentemente ingenieros superiores industriales, mecánicos, electrónicos y aeronáuticos); docencia (profesores de español para Educación Secundaria), hostelería y turismo. Días antes, Angela Merkel hizo unas declaraciones que precedieron a su visita oficial a España y que calaron en los medios de comunicación como un «llamamiento» al más puro estilo berlangariano y su inolvidable «Bienvenido, Mister Marshall». La canciller alemana confesó, con su tono más aséptico, la urgencia del pueblo alemán de contratar a más de 30.000 ingenieros y se refirió al mercado español como uno de los mejor posicionados en el ranking de posibles fichajes. Un mensaje que llegó a muchos oídos y que exigió cierta prudencia por parte de la Embajada de Alemania en España, quien recordó que estas ofertas de trabajo estaban sujetas a un perfil determinado: jóvenes con una titulación universitaria específica y un alto conocimiento de alemán. Un aviso a navegantes que se repetirá intermitentemente en los próximos años.

Testimonios de los emigrantes

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