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El «Vaporcito» sigue varado

La reparación de la emblemática nave continúa paralizada siete meses después de que se produjera su hundimiento

Día 22/04/2012

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Casi cinco meses después de que fuera reflotado en el muelle de Cádiz, el Vapor de El Puerto sigue varado y sin fecha para volver a navegar. La emblemática embarcación, calificada como Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía, se encuentra en el varadero del río Guadalete a la espera de concluir su reparación.

Los trabajos llevan al menos dos meses paralizados y a pesar de que el nuevo armador asegura que los trámites administrativos siguen su curso, lo cierto es que el tiempo juega en contra de que el Adriano III sea, un verano más, el atractivo turístico más arraigado y entrañable de El Puerto.

Cada vez menos curiosos se detienen ante la verja del varadero, desde donde se ve perfectamente que el «Vaporcito» pasa un día tras otro sin curar sus heridas. La más importante, la rotura del casco, sí ha desaparecido. Pero la motonave necesita una arboladura nueva, la que tenía quedó destrozada por la presión del agua cuando las grúas lo sacaron, y adaptarse a las nuevas medidas de accesibilidad y seguridad que marca la ley, amén de la reparación del motor, que está en el taller. Todo ello, respetando su condición de BIC.

Y los carpinteros de ribera están de brazos cruzados. Según las previsiones que en noviembre hizo el nuevo armador, Manuel Ramos, las primeras pruebas de flotabilidad se harían el 28 de febrero, Día de Andalucía, y el barco volvería a navegar el 19 de marzo, para coincidir con el Bicentenario de la Constitución de 1812. Pero nada de esto se ha cumplido. Ramos asegura que se trata de un proyecto muy complejo y con muchos trámites administrativos por superar. Como primer paso, el proyecto de restauración ha de obtener el visto bueno de la Inspección Marítima y de Buques del Ministerio de Fomento y posteriormente de la consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. El Ayuntamiento portuense se ha ofrecido a mediar para que estas gestiones se agilicen lo máximo posible.

El «Vaporcito» realizó su última travesía El Puerto- Cádiz el pasado 30 de agosto. La maniobra de atraque falló y el barco chocó contra el cantil del muelle Reina Victoria, lo cual provocó una rotura en el casco y el consecuente hundimiento. Ninguno de los ochenta pasajeros que viajaban a bordo resultó herido, pero la motonave se sumergió en las aguas de la Bahía y allí permaneció durante un mes.

Treinta días que dieron para muchas declaraciones de intenciones y algún que otro brindis al sol. Desde las especulaciones sobre el futuro del Vapor, su viabilidad económica, su condición de símbolo de El Puerto y la Bahía, o el temor de que acabara como elemento ornamental en una rotonda.

El poder de Facebook

Más de cuatro mil personas se unieron a un grupo de la red social Facebookpara reivindicar que el barco volviera a su actividad. Los Ministerios de Medio Ambiente y Fomento, dirigidos entonces por Rosa Aguilar y José Blanco, anunciaron que correrían con los gastos del reflotamiento. Una noticia que se quedó en nada cuando se conoció que la tarea tendría un presupuesto diez veces superior a lo inicialmente estimado. Los alcaldes de Cádiz y El Puerto, Teófila Martínez y Enrique Moresco, así como el delegado del Gobierno de la Junta, Manuel Jiménez Barrios, coincidieron en la prioridad de sacarlo del agua, pero vincularon las posibles aportaciones económicas para su arreglo al interés del propietario porque volviera o no a navegar.

El armador por entonces, Antonio Somorrostro, dejó claro que no tenía intención alguna de seguir la actividad. Motonaves Adriano sufría serias dificultades para sostener el «Vaporcito» por su elevado coste de mantenimiento y su escasa rentabilidad, sobre todo desde que el Consorcio de Transportes de la Bahía de Cádiz implantó la línea regular de catamaranes, más rápida y económica. El uso del Adriano III quedó limitado a los paseos turísticos. Finalmente la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz asumió y pagó de forma subsidiaria el izado —24.000 euros— una vez que concluyó el plazo de 48 horas concedido a Somorrostro.

El astillero de Navantia se ofreció entonces a acogerlo en su dique de San Fernando durante un periodo de dos meses. Cuando estaba a punto de concluir ese plazo, el Ayuntamiento de El Puerto anunció que había un nuevo armador. Manuel Ramos, economista y aficionado a la náutica, había llegado a un acuerdo con Somorrostro para tomar el relevo a la saga familiar de origen gallego que había gestionado Motonaves Adriano.

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