Andalucía

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Bretón quemó a sus hijos

Dos informes concluyen «con margen de error cero» que los huesos hallados en la hoguera son de niños y que será imposible saber la causa de la muerte

Día 28/08/2012 - 14.02h
RAFAEL CARMONA / vídeo: e. press

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Un fallo humano trasladado a un informe pericial de la Policía Científica. Después de casi once meses, la evidencia de este error -solo había huesos de animales en Las Quemadillas- destapado gracias a otros dos informes de sendos científicos ha dado un giro radical a la desaparición de los pequeños Ruth y José. Los investigadores, tal y como han sostenido desde el principio, están convencidos de que los niños fueron asesinados por su padre en la finca familiar de Córdoba, de la que nunca salieron la tarde del 8 de octubre, y quemados en una hoguera encendida para tal fin. José Bretón sigue siendo dueño de su «secreto», pero cada vez menos.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, confirmó ayer que existen dos informes nuevos en los que se concluye por distinta vía de estudio que los restos óseos y las piezas dentales halladas pertenecen a «seres humanos inmaduros», es decir, niños, desarbolando por completo el dictamen policial en el que se concluía: «en esa hoguera no se ha producido la incineración de ningún cuerpo o resto humano», fechado el 10 de noviembre del año pasado.

Esa frase firmada y sellada por una sola perito obligó a abrir distintas vías de investigación, pese a lo que dictaba la lógica policial y las pruebas e indicios que se iban recabando. No obstante, todas las pesquisas conducían una y otra vez a Las Quemadillas que han sido rastreadas cuatro veces: a mano, con picos y palas, con grúas, con georradar e incluso con un helicóptero, mientras Bretón se ufanaba desde la cárcel asegurando que allí la Policía no encontraría nada.

Dos esqueletos de la edad

A finales de junio, tras el cuarto rastreo infructuoso, los investigadores decidieron en una nueva minicumbre policial repetir todos los pasos dados y volver a peinar el entorno de Las Quemadillas. El tiempo del que dispuso el padre de los niños, las cámaras de vigilancia, los testigos, las intenciones previas evidenciadas por Bretón, los posicionamientos telefónicos y el resto de periciales conducían a ese punto. Se eligió una escombrera cercana, pero en paralelo se produjeron otros movimientos, que ahora han dado resultado.

El prestigioso médico forense Francisco Etxebarria, que participó en la identificación de Lasa y Zabala y en la exhumación del presidente Salvador Allende, fue requerido para llevar a cabo un estudio de los restos óseos custodiados en dependencias policiales. Según el ministro se hizo por iniciativa de la madre de los niños, se aceptó por parte de la Policía y lo validó el juez. Este forense, que ha colaborado en numerosas ocasiones con la Policía Científica, comparó dos esqueletos de dos niños de seis y dos años con los 130 restos óseos y los múltiples fragmentos hallados y fue encajando partes anatómicas, como un puzzle, en las dependencias policiales. El día 14 de agosto ya tenía listas sus conclusiones. Los restos examinados son de «seres humanos inmaduros», señalaba. Al cien por cien corresponden a dos niños de la edad analizada. El forense explica que la hoguera alcanzó una temperatura de entre 650 y 800 grados por lo que es prácticamente imposible el análisis genético, así como determinar la causa de la muerte de los pequeños, a los que colocó en posición inversa en esa supuesta pira.

Coincidencias pero no todas

Las especulaciones sobre los tranquilizantes que supuestamente habría dado el padre a los niños (Orfidal y Motivan) antes de acabar con su vida quedaron ayer arrinconadas ante la aparición del peor escenario con el que se había contado desde el inicio.

Con ese informe, que revolucionó a los investigadores y al juez -«es una bomba», llegó a comentar el magistrado-, se decidió encargar otro dictamen, esta vez al paleontólogoJosé María Bermúdez de Castro, considerado uno de los mejores expertos del mundo en antropología dental y conocido por su trabajo en los yacimientos de Atapuerca. El pasado día 22 llegó a la conclusión de que los restos «corresponden al menos a un niño de 6,22 años» con margen de error de edad de más o menos 43 días.

Este estudio, en el que ha podido analizar dos piezas dentales completas, además de fragmentos y todos los huesos confirman «con margen de error cero» que son infantiles, según fuentes de la investigación. Los dientes son piezas básicas; se puede conocer no solo el tamaño y la edad, sino incluso sus enfermedades y costumbres. En este caso, el gran obstáculo es el mal estado, debido a la elevada temperatura que alcanzó la fogata, según coinciden los dictámenes.

Tres expertos en análisis de restos humanos consultados por ABC señalan que es «prácticamente imposible que se encuentre ADN, sobre todo porque se trata de niños y en esos restos sometidos a cremación la cadena es más fragil y se rompe con más facilidad». «A esa temperatura pueden destruirse las moléculas de ADN», subrayó ayer el ministro del Interior, una aseveración en la que se percibía que ya había sido advertido de las dificultades para encontrar el nombre de Ruth y José en una cadena génetica.

No obstante, las pruebas para determinarlo ya están encargadas: una al Instituto Nacional de Toxicología y otra al Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela, que cuenta con tecnología puntera en la extracción de ADN en condiciones de especial deterioro de las muestras, como es el caso.

La mesa como horno

Según fuentes policiales, dada la trascendencia de la investigación y el calvario por el que está atravesando Ruth Ortiz, los resultados podrán estar listos esta misma semana. En caso de que no se pueda concluir si hay ADN de los pequeños, las fuentes consultadas inciden en que sí clarificará y unificará las conclusiones de Etxebarría y Bermúdez de Castro, es decir, será absolutamente claro respecto a si se trata de huesos de niños.

Los investigadores no tienen ninguna duda y tampoco parece tenerlas el juez instructor, José Luis Rodríguez Lainz, que ayer mismo ordenó que hoy se lleve a cabo un nuevo registro en Las Quemadillas, al que asistirá José Bretón, como en las búsquedas anteriores.

La mesa metálica con signos de oxidación térmica que había junto a la hoguera, así como los 140 litros de gasóleo que Bretón compró en los días previos a la desaparición de sus hijos serán dos de las cuestiones por las que se le vuelva a preguntar. Era una mesa que la familia usaba habitualmente, según explicó la propia Ruth Ortiz. Las hipótesis son: que Bretón la usara como pantalla para protegerse de las llamas, o bien para amortiguar la columna de humo y la peor, que le sirviera a modo de horno crematorio para concentrar el fuego.

El terreno que aún queda abonado a la especulación se estrecha al tiempo que el horizonte penal de Bretón puede agrandarse. Queda otra pregunta que ayer el ministro eludió: ¿cómo ha podido perjudicar a la investigación ese informe inicial? «Hubo un primer análisis pericial que dictaminó lo que dictaminó», detalló Fernández Díaz, para añadir que «el mejor escribano comete un borrón». De momento no se han tomado medidas, pero nadie duda de que no tardarán, si la perito erró como parece.

Un «botón» y dos trozos de tela

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