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Arte / semana de la arquitectura

Viaje a las entrañas del monasterio de la Cartuja

Los arquitectos Aurelio del Pozo y José Ramón Sierra realizaron visitas guidas para mostrarle al público el monumento

Día 02/10/2012 - 17.55h

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El monasterio de la Cartuja se empezó a construir en el año 1399, pero además de ser el lugar que acogió a los monjes cartujos durante varios siglos, se transformó posteriormente en el siglo XIX en otro de los emblemas de la ciudad, la fábrica de loza de Pickman, para pasar a ser a partir de 1997 sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y de la Universidad Internacional de Andalucía. Por todo este motivo, la Semana de la Arquitectura de Sevilla ha organizado este martes una jornada de visitas guiadas al monumento que ha contado con dos arquitectos que ayudaron a rehabilitarlo para la Expo'92: Aurelio del Pozo y José Ramón Sierra.

Aurelio del Pozo se encargó de los trabajos de restauración de la huerta sur de los cartujos y comentó que «se hizo una intervención modélica como ejemplo del cuidado, el mimo y el esmero». Asimismo, comentó que si se hubiese hecho la intervención sobre el monasterio en el tiempo actual «la cosa hubiera cambiado mucho porque estamos en un momento más agresivo y estridente».

Por su parte, el también arquitecto José Ramón Sierra ratificó las palabras de su compañero. Este experto se encargó de la rehabilitación de la zona monacal, «que estaba en un estado deplorable». De hecho, comentó que cuando se iniciaron las obras en diciembre de 1987 no existían planos de la Cartuja y tampoco se sabía dónde estaba situado el claustrón, por lo que éste se tuvo que rehabilitar a partir de las excavaciones arqueológicas que se realizaron y que permitieron averiguar la ubicación y cómo era su forma.

Cristóbal Colón

También José Ramón Sierra recordó la amistad que tuvo Cristóbal Colón con algunos monjes cartujos, reconociendo que al almirante tuvo el proyecto de fundar una cartuja en Santo Domingo, algo que al final no pudo hacer. De hecho, cuando falleció Colón se creó una capilla en la que se le enterró a él y a otros miembros de su familia, pero «luego, con el paso del tiempo se le perdió la pista». Igualmente, dijo que gracias a los estudios que se han realizado sobre los pozos en los que se arrojaban los restos de comida de los monjes se han podido averiguar datos sobre su dieta, siendo el galápago muy habitual en sus comidas porque este animal no entraba dentro de la prohibición que les impedía comer carne.

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