Ana Julia con capucha roja en la finca donde estaba Gabriel en un pozo - Fran Muñoz

GABRIEL CRUZSus vecinos a Ana Julia en Vícar: «¡Te tienen que despellejar viva!»

La llegada de la presunta asesina de Gabriel al barrio de la Puebla de Vícar, lugar donde se encontróal pequeño en el maletero del coche, encendió al barrio en cólera

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El barrio donde vivió Ana Julia su historia de amor con Ángel, padre de Gabriel, no perdona a la dominicana. Este lunes, durante la reconstrucción de los hechos, los agentes de la Guardia Civil la llevaron a la Puebla de Vícar, donde fue detenida al ser interceptada con el pequeño en el maletero, liado en una manta y embarrizado. Allí esperaban, al menos, un centenar de vecinos al grito de «Asesina». Cuando la arrestada apareció en la celle la multitud se encendió en cólera. «¡Te tienen que despellejar viva1», gritó una enervada mujer a las puertas del domicilio de Ana Julia.

Los agentes se tuvieron que emplear a fondo para que no se produjeran agresiones a la detenida. Algunos vecinos saltaron el cordón de seguridad para llegar hasta ella y la Guardia Civil tuvo que reducir a varias personas. El objetivo era llegar hasta la presunta asesina de Gabriel. Mientras unos intentaban alcanzarla, otros seguían gritando «asesina» y todo tipo de insultos.

La Puebla de Vícar es un barrio que tiene unos 5.000 habitantes, donde la mayoría son inmigrantes que trabajan en los invernaderos. Un lugar donde sus vecinos no conocían Ana Julia, la veían pasear o comprar en el supermercado, en ocasiones junto a Gabriel y Ángel. Era una desconocida, que dejó llorando a todo el vecindario, como reconocía Moroud E., el día de la detención. Moroud vive enfrente del garaje donde Ana Julia se disponía a entrar cuando la Guardia Civil encontró al pequeño en el maletero de su vehículo.

Los vecinos reconocían el mismo domingo ABC que comenzaron a sospechar de ella cuando apareció la camiseta. «Estaba claro», remarcó Francisco M. El barrio quedó marcado por la detención de Ana Julia y por la aparición de cadáver. Una vecina grabó desde su ventana el momento en el que la dominicana era esposada sobre el cochen donde estaba el cuerpo del pequeño. Vecina que no la había tratado de forma directa, como el resto de los habitantes del barrio, que han pasado de la conmoción a la ira al ver a la dominicana, vestida con sudadera roja y esposada, llegar a la casa que compartió, cada 15 días, con el pequeño Gabriel.