El pantano, con el pueblo al fondo, está desaguando a sólo diez centímetros de rebosar
El pantano, con el pueblo al fondo, está desaguando a sólo diez centímetros de rebosar - FRANCIS SILVA
TEMPORAL

El diluvio que devolvió la vida a Grazalema

Las últimas vidas en la sierra gaditana, punto de España de mayor pluviometría, le devuelven a su ser tras una intensa sequía

GRAZALEMAActualizado:

Pocos lo saben, pero la Sierra de Grazalema, un bello enclave de la provincia de Cádiz, es históricamente el punto de España donde más llueve. Sin embargo este año los arroyos estaban secos y el campo se dibujaba de un color diferente. La sima del agua de Villaluenga del Rosario era sólo un camino de piedras. No había cascadas entre las rocas y el pantano de El Fresnillo estaba bajo mínimos. Los pinsapos, variedad autóctona de abeto que sólo crece por estos lares, echaban de menos las gotas del cielo.

«Los animales se alimentaban con piensos porque no había hierba», recuerda Sergio Vascón, vecino de Villaluenga. «Hace dos semanas no había nada en la sima», apunta. Los senderistas discurrían entre polvo y pasto. La vida languidecía esperando un duro año sin lluvias hasta que llegó el pasado 27 de febrero. Fue cuando el cielo comenzó a descargar sin tregua. En una semana cerca de 700 litros por metro cuadrado han vuelto a convertir a este punto en donde más ha llovido del país y han cambiado drásticamente el panorama. «Hay mucha agua», afirman a ABC dos senderistas alemanas que buscan su camino entre campos verdes, arroyos y ganado hacia uno de los picos de Grazalema.

El nacimiento del río Majaceite en Benamahoma brota con fuerza desde las entrañas de la tierra. La Virgen de Lourdes, clavada en la roca, a unos dos kilómetros de Grazalema, es testigo del regreso del agua. Ha pasado de ser una esquina de veneración a una oda a los recursos hídricos y, cuando más llueve, una cascada cae desde el mirador del tajo en su búsqueda. Bajo sus pies, un enorme charco se nutre de improvisados arroyos que llegan de la montaña y a su alrededor el agua brota de las piedras.

Es un suelo permeable. «Estos caños surgen porque es roca caliza que no acumula el agua. La filtra toda y busca su camino hacia los ríos», explica Patricia Moreno, agente forestal de la Junta de Andalucía en la Sierra de Grazalema. «Se puede beber, porque la roca ya la ha depurado y es apta para el consumo, aunque está sin tratar. Es la misma agua de las fuentes, solo que aquella sale por un tubo», explica Marien Collado, otra de las agentes forestales que vigila el campo, que recomienda no entrar en algunas rutas como la Garganta Verde o el Pinsapar en los días de aguacero, porque «los corrimientos de tierra o la acumulación de agua pueden dejar atrapado al senderista».

De cualquier punto sale agua
De cualquier punto sale agua - F. SILVA

En Grazalema llueve mucho; el día que más lo hizo fue el pasado viernes 2 de marzo, cuando cayeron 203,6 litros. Fue un diluvio que recordó al que cayó el 10 de febrero de 1985, el día que más llovió en Grazalema con 337 litros por metro cuadrado. Como aquella jornada, las mantas de agua arreciaban sobre la arboleda de la sierra y, por el suelo. Los arroyos tomaban carreteras y senderos. Las rocas expulsaban el excedente por las fisuras en la piedra.

Pequeños manantiales convertidos en preciosistas fuentes para el visitante. Hubo cortes eléctricos y ardió un transformador que apagó una parte del municipio. «No tengo luz», decía el dueño del Restaurante Zulema cuando se buscaba cobijo y un plato caliente bajo la tormenta. Para ir al servicio había que usar una vela en un antiguo botellín de refresco.

Días después, en uno de los caños que sale de la roca, Francisco Ramírez, técnico de Aguas Sierra de Cádiz, revisaba las válvulas de las canalizaciones para evitar averías por la gran acumulación de agua que baja por los conductos. Es uno de los encargados de mantener al pueblo con agua durante todo el año. Entre sus funciones está mantenimiento del pantano de El Fresnillo, construido en los años 90 del siglo pasado para garantizar el suministro, igual que las mejoras de los acuíferos y las canalizaciones una década antes.

Garantizar el suministro

«En Grazalema llueve una media de 2.000 litros al año, pero el agua se va a los ríos. La tierra no retiene nada», reconoce Carlos J. García, alcalde de Grazalema. Por esto, fue necesario construir en una zona aislada de la sierra el pantano. «Es para garantizar el suministro, antes de estas obras en verano había que traer el agua con camiones, porque no había suficiente para abastecer a la población, y en invierno se recogía de las fuentes públicas», señala el regidor de Grazalema.

La abundancia de precipitaciones se debe, según el alcalde, a un embudo en la sierra que acaba a la entrada del pueblo y filtra todos los frentes borrascosos que vienen el Atlántico. «Es la primera barrera natural que se encuentran, se enfrían en el embudo y crean una especie gota de fría que hace que descarguen», remarca García.

Este fenómeno ha hecho estas semanas que la zona recobre la vida, cuando la esperanza estaba casi perdida. Hasta el punto que la empresa pública de aguas lleva unos días desaguando el pantano de El Fresnillo, que está a solo 20 centímetros de rebosar. Mientras las compuertas expulsan sobre una vista panorámica de Grazalema, Jesús A. Romero, ingeniero de explotación de Aguas Sierra de Cádiz, espeta a su compañero Francisco: «Esto pensábamos ya que este año no lo veríamos».