Una de las Hijas de la Caridad, con un usuario del Hogar Marillac, situado en La Línea.
Una de las Hijas de la Caridad, con un usuario del Hogar Marillac, situado en La Línea. - ABC
SOCIEDAD

Hogar Marillac, 25 años de labor callada por los enfermos de VIH

El deterioro de la salud mental y de las condiciones físicas son las principales consecuencias de los usuarios de este centro situado en La Línea de la Concepción

LA LÍNEAActualizado:

Regresar después de unos años al Hogar Marillac, el centro para enfermos de VIH que la congregación religiosa Hijas de la Caridad regenta en La Línea de la Concepción (Cádiz), supone un shock. Nada queda de aquellos jóvenes con VIH en fase terminal enganchados a la heroína y a otro tipo de sustancias que morían en estas instalaciones. El perfil del usuario ha cambiado radicalmente y evidencia los estragos que causa la droga a largo plazo.

María Trinidad González González, Sor Trinidad, es la directora del Hogar Marillac, una religiosa que rompe los esquemas, aunque como ella misma dice, el hábito no hace al monje. Natural de Badajoz y licenciada en Medicina, llegó a estas instalaciones en septiembre de 2013 procedente del Hogar Gerasa, el centro que las Hijas de la Caridad regentan en Chiclana.

El Hogar Marillac abrió sus puertas en mayo de 1993. Sor Trinidad era muy joven entonces, pero conoce muy bien la historia de este centro. Dos Hijas de la Caridad, Sor Magdalena y Sor Joaquina, fueron las artífices de este importante recurso socio-sanitario: «Ambas trabajaban en el hospital de La Línea. Sor Joaquina era enfermera a domicilio y Sor Magdalena estaba como enfermera en Medicina Interna. Veían a hombres y mujeres enfermos de sida que salían del hospital y que no tenían ni siquiera tratamiento. Morían en muy poco tiempo desde que se le diagnosticaba el VIH. Las diarreas, los vómitos y la tuberculosis se los llevaban. Entonces no había tratamiento ni se sabía cómo se contagiaba el virus. Estas hermanas, con el apoyo de la congregación en Sevilla, vieron la necesidad de albergar a estas personas en una casa para proporcionarles un techo, comida, cariño, dignidad y auxilio en los últimos momentos de sus vidas».

La droga se llevó a miles de jóvenes en aquella época. La vía de transmisión del VIH fue fundamentalmente la intravenosa. La heroína causó estragos en la zona. “Han transcurrido más de 30 años y aunque hay repuntes, la vía intravenosa ya no es la principal en cuanto al contagio. Hoy, la mayoría de los enfermos que atendemos han dejado la aguja, como ellos mismos dicen, hace más de 20 años. Ahora, las relaciones sexuales están detrás de la mayoría de los nuevos casos, tanto en heterosexuales como en homosexuales. Muchos jóvenes no toman medidas de precaución”, explica Sor Trinidad.

Enfermos crónicos

Hoy en día, afortunadamente, nadie muere por el VIH. Quienes lo padecen se convierten en enfermos crónicos. Una pastilla al día es suficiente par mantener la carga viral indetectable y las defensas, elevadas. «Eso hace que no aparezcan enfermedades oportunistas, que eran las que se llevaban en aquellos tiempos a los enfermos. Tuberculosis, toxoplasma, cirrosis hepáticas…», explica esta religiosa, que es médico de familia.

Ahora ya no hay jóvenes en estado terminal en este centro. El perfil de usuarios del Hogar Marillac ha cambiado radicalmente. Se trata de hombres de entre 47 a los 60 años con problemas, fundamentalmente, de salud mental derivados de su adicción a las drogas. «Se trata de pacientes con trastornos psicóticos y otros problemas derivados del consumo de drogas durante muchos años. Todos nuestros usuarios son VIH en estadio 3, es decir, en estado terminal, aunque se han vuelto enfermos crónicos», explica la directora del Hogar Marillac.

Ancianos prematuros

Además, todos tienen otro problema común derivado de sus adicciones, un envejecimiento prematuro. «Parecen ancianos de 80 años y tienen 30 años menos. Sus cerebros, su movilidad y sus cuerpos han envejecido», explica.

En el Hogar Marillac, con capacidad para 17 usuarios, la rutina es determinante para la convivencia. Hábitos de vida saludable y cariño son claves para que estas personas, procedentes de toda Andalucía ya que hay un convenio con la Junta de Andalucía, se sientan como en casa. «Tratamos de ayudarles para que sepan que no están solos. Intentamos que sanen, pese a su deterioro y a su problemática adicción, porque si salen, recaen. Les proporcionamos cariño y tratamientos paliativos. Los acompañamos para que encuentren que sus vidas tienen sentido y para que se reconcilien con ellos mismos, con su pasado y con sus familias. Nuestro trabajo es apasionante, pero servimos a personas muy vulnerables y las recaídas son frecuentes», indica Sor Trinidad.

Además del Hogar Marillac en La Línea, las Hijas de la Caridad disponen de dos pisos asistidos en Algeciras desde el año 2009 para “que no se les cierre el horizonte y tengan cierta autonomía”.