Arte que rompe autismos
Una de las creaciones artísticas elaboradas en Viana

Arte que rompe autismos

Cajasur desarrolla una iniciativa pionera para la mejora del síndrome 28 artistas y 32 niños interactúan con piezas artísticas nueve meses

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A Pablo, un niño autista, le han regalado un jardín. La pintora Laura Millán inventó una historia que ocurría cada noche en uno de los Patios del Palacio de Viana. «Solo había que ver el tamaño de sus ojos cuando les comenté que existían unos animales muy raros que se paseaban por Viana. Desde Jirosquitos (cabeza de mosquito, cuerpo de jirafa peluda y patas de rinoceronte), Pulpejos (cuerpo de pulpo, cabeza de camaleón y orejas de conejo) o Monibrís (alas de colibrí, cuerpo de perro salchicha y cabeza y cola de mono)». Así aparece reflejado en el Cuaderno de Bitácoras de Laura Millán, una de los 28 artistas que han desarrollado el proyecto «Lo imaginable, lo inalcanzable», de la Fundación Cajasur, con 32 niños autistas de Córdoba.

La experiencia fue importada de un ensayo piloto realizado el pasado año en Sevilla con niños autistas. No se sabía cómo iban a reaccionar los niños cordobeses con autismo ante esta interacción con artistas plásticos de todo tipo, incluso del mundo de la música, la danza o las letras. El director de la Universidad Emocional, Paco Valencia, artífice del proyecto, está convencido de que «el arte sirve para algo más que endulzar la vida. Y si el arte o la lectura pueden servir para ayudar a una sola persona, ya ha merecido la pena». Valencia es de los que entiende el arte como una forma de compromiso, patrones de sueños. En esa línea se encuentra el proyecto auspiciado por la Fundación Cajasur, dentro de su laboratorio de iniciativas sociales. «El factor de riesgo estaba ahí, porque se desconocía cómo iba a ser la relación de los niños autistas con los artistas, pero estaba la posibilidad de innovar y el compromiso social y terapéutico de los niños», comenta el responsable.

El precursor del proyecto ahonda en la idea de que se ha hecho «un viaje humano sin precedentes». Un cambio mínimo en las conductas de estos niños es todo un logro, un motivo de satisfacción para padres, terapeutas y artistas. Con este proyecto se ha conseguido mirar al autismo «sin ningún complejo», pasando de utilizar términos médicos a frases personalizadas como: «A Jorge le gusta mirar a las estrellas».

Durante seis meses de preparación y tres de trabajo se ha conseguido que miradas humanas cambien tras un trabajo muy directo con niños y obras de arte. Una de ellas, por ejemplo, un icosaedro gigante para un niño fascinado por la geometría o los mapas de la mano del artista plástico Javier Flores. Entre los logros, que un niño mire por primera vez a los ojos en 15 años a su padre.