El productor Paco Martín
El productor Paco Martín - rafael carmona
Productor musical

Paco Martín: «Hipotequé mi casa para sacar a Hombres G»

Actualizado:

Usted escucha el nombre de Paco Martín y quizás no le diga demasiado. Pero si le decimos que de las manos de este señor de Santaella salió gran parte de la constelación musical de los ochenta ya estamos hablando de otra cosa. Como productor discográfico, lanzó a los mejores. Desde Hombres G a Ilegales, pasando por Los Secretos, Danza Invisible, Celtas Cortos, Antonio Vega o Los Rodríguez. Incluso el primer disco de Vicente Amigo lleva su sello. Así hasta llegar a casi dos centenares de bandas y cerca de quinientos discos que ya forman parte de la historia del pop de este país.

—¿Y cómo se fabrica un éxito?

—Un éxito no se fabrica: surge. Y nunca he pensado en él. Es un asunto secundario que depende de muchos factores. La suerte es determinante. Se lo digo yo, que posiblemente sea la persona con más «números uno» en los últimos 35 años.

Ahí tienen el dato. Más de 300 «números uno» guarda en su bolsillo. Quiere decirse que estamos ante uno de los grandes valedores de la música pop española. Su periplo no ha sido fácil. Paco Martín (Santaella, 1953) emigró a Madrid con 14 años y su adaptación a la metrópolis no fue un camino de rosas. Tanto que se agarró a la música como a un clavo ardiendo. Y pronto se convirtió en un «disc jockey» de referencia en dos de las salas emblemáticas de entonces: MM y Club 42. Un día se presentó ante Polygram y se ofreció a trabajar gratis tres meses. «Empecé de botones. El último mono. Y de ahí pasé a promoción, luego jefe de prensa y finalmente fichaba a artistas». A finales de los setenta, ya estaba metido hasta el cuello en la movida que estaba llamada a dinamitar el panorama cultural de Madrid. Todas las noches se tomaba unas cañas en Pentagrama con una panda de veinteañeros que pronto se dieron a conocer como Nacha Pop, Radio Futura o Los Secretos. «Financiaba muchas maquetas suyas. Mi primer lanzamiento fue Los Pistones y me llevé a Los Secretos y Mamá. Éramos un grupo fantástico de gente llena de ilusión. Lo único que teníamos eran sueños».

—¿Qué sueños?

—El sueño era grabar un disco. Nadie pensaba en triunfar ni en hacerse millonario. Éramos gente muy vocacional.

—Vio usted nacer himnos como «Chica de ayer» o «Déjame».

—No solo los vi nacer sino que muchas fueron maquetas que pagué yo. Monté mi primera compañía de éxito, Twins, y vendimos un millón de discos con los Hombres G. No había ocurrido antes. Entonces, un éxito brutal era vender 100.000 discos.

—Ganó usted pasta.

—Mucha pasta. No estaba preparado para el éxito y fui objeto de estafas. Me engañaron. Yo solo quería descubrir cosas nuevas y nunca se me ocurrió comprarme un palacio. Lo invertía todo en discos y en fichajes.

—Y vivieron una vida gamberra.

—Fuimos una generación que tuvimos que probar todo. Yo mismo estuve enganchado en la cocaína. De hecho, casi cuarenta personas de aquella pandilla han muerto jóvenes. Que es una cifra atroz. Antonio Vega, Pepe Risi, Enrique Urquijo. Mucha gente. Fuimos cobayas. Nadie nos explicó las consecuencias de la heroína o la cocaína.

Paco Martín fue el inventor de Rockola, el templo de la movida madrileña, a cuyo altar iban a consagrarse todos los creadores del momento, desde Pedro Almodóvar a Alberto García Álix, Ouka Lele, Cesepe y, cómo no, la musa por excelencia, Alaska. «Todo comenzó en un Madrid en blanco y negro y toda esta gente lo convirtió en tecnicolor. Lo que había antes era un rock sinfónico muy aburrido. Lo único interesante era Triana. Nada más. Y Madrid se convirtió en un hervidero de tribus urbanas más poderosas que las de Londres».

Su relato brota impetuoso. Como cuando se bucea en un baúl lleno de objetos y recuerdos esplendorosos. Llega puntual desde Madrid con sus brazos tatuados y su boina invertida. Entramos en la tienda de discos de vinilo usado de la calle Feria para hacer el reportaje gráfico y vibra con todas las joyas que encuentra en el estante. La mayor parte de ellas estampadas con su firma.

Vista comercial

—De sus manos han salido desde Hombres G a Los Rodríguez. ¿Lo suyo qué es: talento o vista comercial?

—La vista comercial es necesaria para conseguir un éxito pero el talento también lo es para descubrir un artista. Yo hipotequé mi casa para sacar el disco de los Hombres G. Me la jugué. ¿Quién tiene cojones de hacer eso ahora?

—Todo un acto de temeridad.

—Mi padre me compró un R5 y lo vendí. Con las 300.000 pesetas que saqué, producí el primer disco de Los Pistones. He creído en el talento de mis artistas.

—¿La creatividad y el negocio caben en el mismo saco?

—Tienen que ir de la mano. Un tío creativo es lo que falta ahora en la industria discográfica. La gente que está manejando el negocio es lamentable. Mira quién dirige la industria discográfica en este país. Me dan escalofríos.

—¿Pero queda industria?

—Viven de los fondos de catálogo. No salen talentos nuevos. Son unos ineptos. No tienen vocación. Además está el problema de la televisión. No existe ningún programa de música. ¿Imagina que la referencia de música en este país sea María Teresa Campos? ¿Estamos locos? Eso está pasando aquí.

—En música, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

—No. En los sesenta hubo una música extraordinaria.

—Si le digo «sexo, drogas y rockanroll», ¿usted qué me dice?

—Fue una bandera. Quedaba muy bien. Pero son cosas que no deberían estar vinculadas. Antes se follaba menos que ahora y se sigue consumiendo la misma droga.

—¿Qué disco guarda como oro en paño?

—Me gusta Prefab Sprout. Y de los míos le diría diez o doce grupos que no han triunfado. Ilegales fue mi primera gran ruina porque nadie creía en él.

—¿Y qué hay detrás del «show business»?

—Mentira y mucha hipocresía. Cuando estás fuera del mundo de la música encuentras mucha soledad y te das cuenta de que todo lo que has significado para la gente era mientras que estabas en la profesión. Eso me produce risa. La amistad con un artista es muy complicada.

—No hay amigos ahí dentro.

—He tenido amigos, pero sobre todo decepciones. Que no me hayan fallado nunca, Joaquín Sabina y Nacho García Vega. Los otros eran amistades falsas.

—Fue Kurt Cobain quien dijo antes de suicidarse: «Es mejor quemarse que apagarse lentamente». ¿Un iluminado o un estúpido?

—Nirvana no aportó tanto. Se ha mitificado mucho. Kurt Cobain no me pareció ni un genio ni nada. Fue un verdadero estúpido por la forma en que murió.

—¿Paco Martín tiene ídolos?

—Admiro musicalmente a muchos. Me impactó la primera vez que vi a Led Zeppelin en su concierto de despedida en Inglaterra en el año 78 o 79. Fue un concierto brutal que me marcó. Desde entonces, ya cualquier cosa me aburre. Pero mis ídolos son mis hijos y mi mujer.

—¿Qué disco ha escuchado mil veces?

—«Rumors», de Fleecwood Mac.

—¿Y qué le dice a los piratas?

—No entiendo mucho del tema de internet. Ni quiero entenderlo. Soy de la generación antigua e internet no me interesa. Y me gusta más el vinilo que el compacto.

—¿La red acabará con el negocio del disco?

—Ahora el negocio no está en vender discos sino en hacer marketing sobre el artista. Cuesta mucho menos porque las redes sociales son gratis. Hoy funciona el directo y las compañías tienen parte del pastel ahí. Fichan a un artista no para las ventas de discos sino para los conciertos.

—Díganos un diamante en bruto.

—De Pedro y Leiva me gustan. Pueden seguir la estela de Calamaro. Son dos talentos jóvenes que pueden regalarnos muchas cosas.