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Se vende trozo de Historia

Wieland Giebel vende por internet segmentos del Muro de tres metros y medio de alto
Wieland Giebel vende por internet segmentos del Muro de tres metros y medio de alto - BERLIN STORY

Casi 25 años después de la caída del Muro de Berlín, hay quien sigue haciendo dinero con los restos del Telón de Acero. Un berlinés ofrece piezas por 7.000 euros

El 9 de noviembre de 1989 las imágenes de berlineses orientales cruzando la frontera entre las dos Alemanias dieron la vuelta al mundo. Tras el anuncio de un portavoz del régimen socialista de que el Gobierno expediría visas sin restricciones para visitar Alemania occidental, las olas de ciudadanos orientales ávidos de conocer lo que había más allá del Muro de Berlín fueron imparables. Algunos interpretaron el anuncio de la dictadura oriental como la autoinmolación de un socialismo real que agonizaba por una ingente deuda externa y una economía inoperante.

El Muro de Berlín (y su caída) no solo pasó a formar parte del imaginario del fin de la Guerra Fría y del definitivo pistoletazo de salida de la posmodernidad, sino que además se convirtió en todo un imán para las masas turistas que todavía hoy siguen peregrinando a lo que queda del bautizado como «muro de la vergüenza». Cuando está a punto de cumplirse el redondo 25 aniversario de su caída, el Muro sigue siendo una fuente de ingresos, y no solo por la cantidad de turismo que atrae.

Pasada la resaca del hundimiento del Estado oriental y con la reunificación alemana en ciernes, un puñado de empresarios oportunistas se percató del negocio que supondría la venta de fragmentos del Muro de Berlín en un futuro cercano. No en vano, no son pocos los turistas que, en un arrebato fetichista, siguen llevándose a escondidas pequeños fragmentos de los tramos que siguen en pie en la capital alemana. También hay quien vende presuntos trozos en tiendas de souvenirs y en puestos ambulantes.

Wieland Giebel es uno de los beneficiados de ese millonario negocio. El director de la editorial Berlin Story, especializada en la historia moderna de la capital alemana, descubrió hace un par de semanas durante un paseo en bicicleta un fragmento del muro en perfecto estado olvidado en un patio interior del populoso distrito de Kreuzberg. Sin pensárselo dos veces, se lo compró a la empresa a la que pertenecía el patio por un precio que (por razones obvias) no quiere revelar. Actualmente, Wieland vende por internet segmentos de tres metros y medio de alto por algo más de un metro de ancho a 7.000 euros la pieza (gastos de envío no incluidos).

«El interés por el Muro aún es muy grande», asegura Wieland Giebel, «en parte, porque sigue siendo difícil imaginarse cómo era la ciudad cuando estaba dividida». La editorial de este empresario de los escombros de la Guerra Fría también ofrece variantes más baratas para quien no pueda o no quiera gastarse tanto dinero: los interesados pueden comprar un pequeño trozo del Muro de Berlín desde algo menos de 7 euros. El precio de un trozo de 33 kilos asciende a 699 euros. Un departamento de la Universidad Técnica de Berlín garantiza su autenticidad.

La fascinación por los restos de los 155 kilómetros del muro de hormigón que separaba Berlín occidental de la oriental República Democrática Alemana parece ilimitada. Cuando está a punto de cumplirse el cuarto de siglo de su caída, museos de Londres, Nueva York, Buenos Aires, Seúl y Hawái tienen fragmentos del Muro de Berlín en sus exposiciones permanentes. Una prueba más de que el capitalismo lo aprovecha todo de todo, incluso los restos del que fuera su gran enemigo histórico.

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