Pozo en el interior de la iglesia de San Pedro, con el agua a unos diez metros
Pozo en el interior de la iglesia de San Pedro, con el agua a unos diez metros - RAFAEL CARMONA
TRATAMIENTO

El agua, enemigo crónico de San Pedro

El acuífero que pasa bajo la iglesia es el responsable de las humedades que amenazan la estabilidad de la basílica

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Si se entra por la puerta principal de la basílica de San Pedro, se encuentra el agua. Si es por la izquierda, la capilla bautismal de la que sacaron a Juan de Mesa en 1583. Si por la derecha, un elemento singular en una iglesia: un pozo. Ni vacío ni decorativo, hay agua apenas a diez metros de profundiad. Es la más fiel compañera de la iglesia y su peor enemigo.

El acuífero que discurre bajo el templo es el causante de los problemas de humedad crónicos que afectan a San Pedro. Ataca a la piedra caliza con que está construida, de naturaleza porosa, y facilita que se disgregue. La empreas Murprotec, una multinacional con sede en Bélgica, acaba de terminar un tratamiento que promete acabar con las humedades «de forma definitiva», y lo cierto es que en la parroquia hay satisfacción, pero saben que el problema de las humedades no es nuevo y ya antes se había anunciado su fin.

La última vez, en 1998. Entonces una generación de cordobeses conoció el interior del templo, cerrado desde 1986 para unas obras que no tuvieron financiación hasta 1994. Los problemas de la iglesia fernandina estaban en las cubiertas y en las humedades que atacaban a las columnas y que comprometían la cimentación y la estabilidad.

En poco más de tres lustros, las humedades volvieron e hizo falta otra inversión. La zona derecha del templo es la que tiene más problemas. En 1575 ya hubo en la primera columna una obra cuyo fin no se conoce, pero que pudo deberse a la humedad, y que supusieron el hallazgo de las reliquias de los Santos Mártires. En ese lado está el pozo que conduce al acuífero. Puede ser el mismo que pasa bajo la ermita del Socorro y emparentado con el mítico lago de Las Tendillas. La parroquia espera que las microemulsiones aplicadas en las columnas terminen con lo que muchos han interpretado como una muerte anunciada o una enfermedad crónica.