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El día en que la Virgen de los Dolores no llevó rostrillo

Un investigador halla en Viana una fotografía de la Señora de Córdoba sin este elemento imprescindible en su estética

La Virgen de los Dolores, sin rostrillo a finales del siglo XIX
La Virgen de los Dolores, sin rostrillo a finales del siglo XIX - JOSÉ SÁNCHEZ MUÑOZ / FUNDACIÓN CAJASUR

A la Virgen de los Dolores sus incontables devotos la han visto de muchas formas, pero ninguno puede decir que la ha conocido sin el rostrillo que le circunda la cara, ni mucho menos que ha visto el cuello de la imagen. Y sin embargo, alguna vez se mostró así, al menos a un fotógrafo, que tomó una imagen y la conservó, y ahora sale a la luz por una serie de coincidencias. La imagen estaba en el Archivo Histórico de Viana, propiedad de la Fundación Cajasur, pero guardada de una forma donde quienes podrían haber reparado en su singularidad no lo hacían, puesto que estaba en una carpeta de urbanismo.

Allí la encontró un «malagueño enamorado de Córdoba», Javier López de Luna, licenciado en Historia del Arte que recopilaba documentos para su tesis doctoral. Pronto se supo que no sólo era una foto inédita, sino también insólita, porque la Virgen aparece sin el rostrillo de pedrería que es parte indisoluble de su esencia. Se trata de una fotografía tomada por José Sánchez Muñoz, uno de los pioneros de Córdoba, activo durante las últimas décadas del siglo XIX. La Virgen de los Dolores aparece sobre su peana del siglo XVIII, donde sigue cada Viernes Santo, aunque también se realza con la conocida como «nube».

¿Una prueba?

Lleva la Señora de Córdoba el manto de las palomas, recién estrenado entonces, y la saya roja a juego, piezas ambas dibujadas por Ángel Redel, que a finales del siglo XIX había configurado la estética actual de la Virgen. Todo en su impronta remite a la imagen que él había renovado: la postura de las manos, con la izquierda alta y la derecha baja, y el manto con las vueltas blancas a la vista. Incluso la corona de diario que lleva también la dibujó Redel. Pero la Virgen no tiene rostrillo. Tampoco tocado convencional, sólo un pequeño encaje interior. El pecho con joyas, el corpiño en V y la dos perlas sí forman parte de su estética tradicional. El cofrade de los Dolores y colaborador de ABC Joaquín de Velasco ha indagado en alguno de los datos que se conocen y cree que la imagen hay que circunscribirla a un periodo que está entre 1897 y 1898, por un motivo claro. En el primero de estos años se presentó el revolucionario conjunto de bordados que lleva la Virgen en la fotografía, y el Domingo de Ramos lo llevó en procesión por primera vez, aunque el Viernes Santo volviese a ir vestida de negro en la procesión del Santo Entierro.

La foto está cargada de incógnitas y tras ella podría estar otra vez el espíritu de Ángel Redel. ¿Por qué se hizo? ¿Probó a quitarle el imprescindible rostrillo? Tal y como explica Javier López de Luna, a finales del siglo XIX en Córdoba no había demasiadas personas que pudiesen hacer fotografías, ya que era un arte todavía naciente. Se tuvo que avisar al fotógrafo «ex profeso», pagar una cantidad que debía de ser alta, y el autor tuvo que disponer de mucho tiempo. Pero se da la circunstancia de Sánchez Muñoz era sobrino de Ángel Redel, y es probable que éste lo avisara para esta prueba. La propia hermandad tiene datos de que por los mimos años hizo otros cambios que no se consolidaron.

Ángel Redel, autor del manto de las palomas, culminaba en aquellos años la estética de la Virgen

El proceso hay que entenderlo en el estreno del manto de las palomas. Hasta aquel momento, la Virgen de los Dolores, que ya tenía una gran devoción en la ciudad, siempre se había mostrado vestida de negro. Que apareciese con saya rojo guinda y un manto azul celeste (y en la foto se aprecia la tonalidad original de la pieza, más clara que el terciopelo al que se pasó en 1965) era ya un impacto muy fuerte. La supresión del rostrillo podría enmarcarse en este proceso de cambios de Ángel Redel, pero no tuvo continuidad y las generaciones posteriores siempre la conocieron con rostrillo, y el que lo llevara de pedrería, y no monjil, también fue innovación suya. Ni antes ni después hay testimonios, gráficos ni escritos, de que la Virgen de los Dolores vistiese de otra forma. López de Luna insiste sobre otro dato: no hay ni flores ni cera, y la Virgen no está en su camarín, así que no era un acto de culto. Quizá dé fuerza a la hipótesis de que fuera una prueba.

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