Pepe García Marín, junto a los Reyes en 1992 en su restaurante
Pepe García Marín, junto a los Reyes en 1992 en su restaurante - ARCHIVO
OBITUARIO

El autor de las meriendas del «taco» para las monterías de Franco

El restaurador nació en una familia taberneros de Santa Marina y se convirtió en uno de los iconos del desarrollo gastronómico de Córdoba del siglo XX

CÓRDOBAActualizado:

«Franco se comió el rodaballo que le preparé y no se quejó. Creo que le gustó». José García Marín, una de las instituciones de la cocina de Córdoba que ha fallecido este martes, se ganó un puesto en la generación de impulsores de la gastronomía local del desarrollismo de las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado por méritos propios. Vecino de Santa Marina, confesaba que su gusto por los fogones le venía por las mujeres de las que se rodeó desde su infancia y que la afición no pudo sino cristalizar en la fundación del mítico restaurante de La Judería en 1962 que abrió el paso al Caballo Rojo.

Si en España estaba todo disponible bajo el sol con el boom turístico, García Marín comprendió pronto que era su momento. Y lo aprovechó. Desde la misma fecha en la que fundó el establecimiento de restauración junto a la Mezquita-Catedral, famoso desde sus inicios por recetas de la cocina andalusí como el cordero a la miel, los colaboradores más estrechos de Francisco Franco le llamaban cada vez que éste venía a cazar a Córdoba. «Los monteros me requerían para que les preparase la merienda, que ellos llamaban el taco, y allí que iba yo», confesaba el restaurador.

A un paso de ser fraile

La historia de García Marín es la de un hombre que puso el molde de la cocina cordobesa contemporánea con mucho esfuerzo, mucha dedicación y mucha vocación. Con tan solo un año, sus padres se trasladaron a la avenida Obispo Pérez Muñoz, donde inauguraron una taberna rotulada con el nombre del padre, Casa Ramón. Su infancia la pasa sorteando los horrores de la Guerra: «Aún recuerdo perfectamente los bombardeos», recordaba Cuando tenía seis años ingresó en la escuela de la calle Juan Torres hasta que la cerraron en 1936.

A partir de ahí, prosiguió su formación en unos locales parroquiales hasta su entrada en el seminario de los Carmelitas Descalzos. Estuvo a un paso de ser fraile, pero en 1941 las circunstancias le llevaron por unos derroteros muy distintos. Movilizaron a su hermano y tuvo que abandonar el pupitre por el mostrador del negocio familiar, donde se fraguarían las bases de El Caballo Rojo.

Cuando tenía 26 años, Pepe el del Caballo Rojo, como a él le gustaba que le llamaran, ya casado y con la taberna en sus manos (que rebautizó posteriormente como Restaurante San Cayetano), comenzó a atesorar buena fama, un éxito incipiente en el que tuvo mucho que ver su esposa, que estaba al frente de la cocina. Una década después y tras haberse ganado un nombre en la hostelería de la capital, se establece en un local en la Judería, al que decide llama El Caballo Rojo atendiendo a la sugerencia del exalcalde cordobés Alfonso Cruz Conde, que le propuso la idea.

El restaurador, junto a su hija y su nieta en 2016
El restaurador, junto a su hija y su nieta en 2016-VALERIO MERINO

El nombre de García Marín irá siempre unido al Caballo Rojo, que tuvo tal éxito en el último tercio del siglo XX que el Ayuntamiento se vio obligado a montar un plan de tráfico específico para que los vehículos que se dirigían a él no colapsaran el casco histórico. Para entonces, el fallecido tenía en la cabeza y bien aprendido el recetario de obras que él citaba como claves en la gastronomía de su tierra, entre las que destacaban «La lozana andaluza» de Juan Valera, «La Córdoba costumbrista» de Sánchez Albornoz y «La Historia de la gastronomía española» de Martínez Llopi.

Distinciones

Por sus mesas pasaron personalidades de al tura. Así, fue el anfirión de personalidades como García Márquez, Severo Ochoa, Borges, Boris Yeltsin y hasta Francisco Franco. Marín fue, incluso, el primero en dar de comer a un jefe de Estado extranjero en La Moncloa (el presidente zaireño Mobuto). En una ocasión le dio de comer a cinco reyes en una cacería y le sirvió migas, habichuelas, perdiz y rabo de toro, según relata Manuel Cobos en «Historia de la Hostelería de Córdoba». Y no ha faltado en cacerías donde Su Majestad el Rey Juan Carlos I disfrutó de su cocina y amistad.

El éxito le empujó a la expansión: en 1987 creó El Blasón, a los que se unieron Las Palmeras y La Bodega

El éxito de su empresa le obligó a expandirse. En 1987 nace el resdtaurante El Blasón, en la calle Zorrilla. A éste se unirán después Las Palmeras y La Bodega (apellidados de El Caballo Rojo), que el fundador dirigió junto a su hijo, José Manuel García Ortiz.

Este hostelero de renombre ha sido distinguido con múltiples galardones, desde la Medalla de Oro de la Ciudad de Córdoba o la de Andalucía hasta la Oficial de la Orden de Isabel la Católica. A ellos se suman el Premio Nacional al Mejor Restaurante en relación Calidad-Precio y el Premio Nacional a la Mejor Cocina Regional Española.