El rejoneador Antonio Cañero
El rejoneador Antonio Cañero - ARCHIVO
TRIBUNA LIBRE

Cañero: las cosas en su sitio

«Me temo que un caso de memoria engañosa y falaz lo tenemos en la campaña que, desde hace tiempo, se viene desarrollando contra el rejoneador»

CÓRDOBAActualizado:

Hace unos días se publicaba una entrevista con el catedrático Antonio Barragán, que ha participado en los trabajos de la Comisión Municipal de Memoria Histórica, en la que diferenciaba la historia de la memoria. Según el profesor Barragán, la historia es una ciencia social que intenta reconstruir el pasado con ayuda de fuentes, mientras que la memoria es un conjunto de recuerdos, olvidos, la composición de un conjunto de fases que ocurren en el individuo y el colectivo.

Yo, que soy un simple aficionado en el campo de la historia, no voy a discutir las afirmaciones del profesor Barragán, al que estimo y respeto, y si traigo a colación sus declaraciones es porque pienso que es muy importante diferenciar la historia y la memoria. Por ello, quiero citar qué es historia y qué es memoria según mi experiencia. Para mí, historia es que Manolete fue movilizado y encuadrado en el Regimiento de Artillería Pesada 1 de Córdoba, mientras que memoria es que el afamado diestro cordobés descabellaba presos republicanos en la plaza de toros de Badajoz. Memoria es que el 24 de agosto de 1936 Santiago Carrillo participó en el asesinato del duque de Veragua y que ordenó cortarle un dedo para poder hacerse con el anillo que portaba, aunque la historia nada dice al respecto, al menos hasta donde sé. También es memoria el episodio que una señora relató a un buen amigo: recordaba perfectamente y con toda claridad que cuando ella era pequeña un avión aterrizó en plena calle Nueva; por contra, historia es que en el número 4.302 del 30 de mayo de 1933 de La Voz de Córdoba (página 5), y bajo el título de «Un aeroplano aterriza en plena calle Claudio Marcelo», aparecía una falsa noticia que relataba un fantástico aterrizaje en la céntrica vía y que era, en realidad, publicidad de la sombrerería de Diego Ruiz. El día siguiente el mismo rotativo repitió la noticia, pero en esta ocasión el «aterrizaje» fue en la calle Gondomar, junto a la sombrerería de Padilla Crespo. Es decir, la memoria nos puede engañar, pero también podemos engañar con la memoria.

Me temo que un caso de memoria engañosa y falaz lo tenemos en la campaña que, desde hace tiempo, se viene desarrollando contra el rejoneador Antonio Cañero. El nombre del caballista es uno de los estudiados por la Comisión, en un proceso en el que la transparencia y la participación han brillado por su ausencia. Sin más datos, tengo que presumir que la Comisión se habrá basado para elaborar su dictamen en la obra de Francisco Moreno Gómez, autor que, como sabemos, recurre con frecuencia a testimonios...

«Cañero no estaba en la conjura ni se había contado con él para la sublevación. No estaba avisado»

En resumen, Moreno dice que Cañero actuaba en la sierra en tareas de busca de fugitivos que, posteriormente, eran fusilados en Córdoba, y lo sitúa en las dos operaciones que se realizaron sobre Almodóvar del Río (23 de julio y el 20 de agosto de 1936) participando en labores represivas. Como el historiador de Villanueva no aporta citas documentales es de suponer que las afirmaciones que realiza las hace en base a testimonios, rumores, leyendas, etcétera. Es decir, en base a la memoria, una memoria hecha de recuerdos y olvidos, pero también de calumnias, deformaciones, a veces, interesadas.

En cambio, desde la historia, lo primero que tenemos que decir es que el nombre de Cañero no está entre los de los presentados en el Cuartel de Artillería la misma tarde del 18 de julio, lista que aparece en el opúsculo de los periodistas García Prieto y Durán de Velilla y que recogió el propio Moreno Gómez. Eso quiere decir que Cañero no estaba en la conjura ni se había contado con él para la sublevación, que no estaba avisado. Sí es cierto que, como militar retirado y siguiendo órdenes, se presentó a las autoridades. Según su hoja de servicios empezó a prestar servicios de vigilancia y participó el día 22 de julio en una expedición a Villafranca y El Carpio. El día 24 se le encomendó la formación de una columna volante de Caballería ante la necesidad urgente de efectuar la limpieza de la sierra y levantar la moral de la población civil desfilando la columna por la población al regreso de los servicios. La hoja de servicios detalla los realizados en esos días: el día 25, un recorrido entre el Lagar de la Cruz y el cruce de Trassierra, adquiriendo noticias del enemigo, capturando fugitivos y recogiendo bastantes armas; el día 26, a Villarrubia, donde existían elementos innumerables; el día 27, a los alrededores de Almodóvar para evitar llevasen alimento a la gente huida de la Sierra. En ningún momento se citan bajas causadas al enemigo, detalle que sí aparece en las hojas de servicios de otros militares. El día 28 cesó en el mando de la columna, sustituido por el capitán de Caballería Lázaro Conde Díaz-Quijada.

«Aunque asimilado a capitán, no estaba cualificado para ejercer el mando de un escuadrón. Se le utilizó como reclamo y para elevar la moral de la población»

Cañero no estuvo en Almodóvar el 23 de julio. Ese día ni siquiera estaba formada la columna volante, que el 7 de agosto tomó el nombre de Escuadrón de Voluntarios de Córdoba y participó el día 20 en la segunda y definitiva toma de Almodóvar, pero bajo el mando de Lázaro Conde. El día 20 Cañero tampoco estaba en Almodóvar, estaba en Antequera como oficial de órdenes en el estado mayor del general Varela. Volvió a Córdoba esa noche con los regulares que reforzaron la capital ante el peligro de las columnas del comandante Bernal, y el día siguiente, 21 de agosto, asistió al combate del puente Mocho. Para más información sobre los hechos de Almodóvar, la ausencia en ellos de Cañero y los errores de Moreno Gómez respecto a estos sucesos véase «Almodóvar, 1936» en mi página www.laguerracivilencordoba.es.

Antonio Cañero era profesor primero de Equitación Militar, y aunque estaba asimilado a capitán, no estaba cualificado para ejercer el mando de un escuadrón de Caballería, y menos en tiempo de guerra. Por eso se le utilizó únicamente como reclamo y banderín de enganche para engrosar la columna volante y para elevar la moral de la población. Respecto a los servicios que prestó en la Sierra entre los días 25 al 27 de julio hay que decir que «limpieza» no significa forzosamente fusilamientos, asesinatos o genocidio. Precisamente Moreno reconoce que Cañero traía prisioneros a Córdoba que luego eran fusilados, es decir que el rejoneador hacía prisioneros en unos días en que, en ambos bandos, operaban igual. De ningún modo se puede calificar como «Escuadrón de la muerte» a la columna volante de Caballería. Por tanto, pongamos las cosas en su sitio. Diga lo que diga la memoria, lo cierto es que no podemos situar a Cañero en ningún acto relacionado con la represión. De Cañero tenemos que quedarnos con su maestría como rejoneador y caballista, con su altruismo al regalar suelos de su propiedad para la construcción de casas para obreros, a los que nadie les preguntó por sus ideas.

*Patricio Hidalgo Luque es investigador de la Guerra Civil en Córdoba