MERCADO INMOBILIARIO

Aumenta la venta de casas señoriales en el Casco histórico de Córdoba

Su alto coste de mantenimiento y su alto valor le abocan a compradores caprichosos o para usos terciarios

Casa solariega en venta en la calle Lineros
Casa solariega en venta en la calle Lineros - ÁLVARO CARMONA

El mercado inmobiliario de los edificios históricos en Córdoba va en aumento. Una agencia, Lançois Doval, está especializada en este tipo de residencias desde hace más de 25 años y tiene presencia en la provincia. Ofrece palacios, monasterios, castillos o casas señoriales por toda España a clientes muy exclusivos, entre los que se cuentan cinco mansiones en el centro histórico de Córdoba.

Robert Menetray, directivo de Lançois Doval, explica a ABC que se trata de un «mercado muy concreto. No hablamos de chalés o pisos, sino edificios que en su mayoría acaban siendo negocios o sedes de fundaciones, organizaciones o administraciones».

El tipo de cliente que busca este tipo de fincas es también especial. Los compradores particulares no sólo deben disponer del dinero —y son propiedades, lógicamente, de precio muy elevado—, sino que «se debe enamorar del producto». Estamos hablando de «un comprador caprichoso, que quiere un valor añadido» a la hora de adquirir un edificio histórico como residencia. También hay, cómo no, empresas que adquieren casas palaciegas para convertirlas en hoteles o restaurantes. Ése parece ser el camino para salvar de la ruina a docenas de antiguas mansiones ahora abandonadas o en desuso.

«Aquí, salvo cuatro locos, nadie compra estas casas como vivienda", dice el notacio Manuel Ramos

Así lo entiende Manuel Ramos, notario y autor del libro «Casas señoriales de Córdoba», que plantea un panorama poco alentador: «Aquí, salvo a cuatro locos, a nadie se le ha ocurrido mantener estas casas como vivienda», por lo que ahora mismo «en Córdoba está todo en venta». El cordobés con posibles, opina este notario, prefiere comprarse un chalé en El Brillante con todas las comodidades antes que un palacete en el centro, aunque cuesten lo mismo.

Si hoy existe un renovado interés por las céntricas casas señoriales se debe únicamente al crecimiento turístico. «Es por los hoteles, porque nadie compra una casa para vivirla», apunta Ramos.

Y eso que las tradicionales mansiones cordobesas no están diseñadas para servir como casas de huéspedes. Ramos pone como ejemplo el Palacio de Viana, que a pesar de su grandeza —tanto en tamaño como en estilo— apenas disponía de cinco o seis dormitorios. Adquirir una casa solariega para reformarla y transformarla en un hotel requiere de cuantiosas inversiones y, lo que es peor, de una enorme cantidad de papeleo y autorizaciones.

Hay graves complicaciones técnicas, como el desescombro o el acarreo de materiales en un trazado urbano como el del centro de Córdoba, por no hablar de la obligatoria elaboración, con cargo al propietario, de un informe arqueológico que por sí solo puede suponer 10.000 euros. Sólo grandes empresas pueden permitirse afrontar los gastos.

«En Córdoba, de joyeros hemos pasado a ser constructores, y ahora queremos dedicarnos a los apartamentos turísticos», declara con cierta amargura Manuel Ramos, que cree que lo ideal sería mantener «las casas-museo como se hace en Roma». Pero como mal menor, «prefiero que estas casas sean un hotel antes que derribarlas», concluye el notario.

¿Cuáles son las casas señoriales actualmente en venta? Además de las inmobiliarias locales, Lançois Doval tiene actualmente cinco en el mercado. Están en la calle Lineros, una casa inconfundible porque posee un altar callejero justo enfrente de Bodegas Campos; en Juan Rufo frente a la Fuenseca, una casa construida desde cero en 1995 pero que aún conserva elementos de su pasado señorial; en la plaza Abades, con fachada a dos calles y destinada al alquiler para hostelería o residencia; en la calle Cabezas, una casa solariega que ahora mismo se destina a eventos; y una espectacular vivienda en Tejón y Marín que en su día se desgajó del Palacio de los Guzmanes, y que también tiene un precio de infarto. Vivir allí cuesta 2.925.000 euros, sin contar reformas.

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