EN 1964

Cuando la iglesia de la Merced la inmatriculó... la Diputación de Córdoba

José Manuel González Porras estudia en un libro la titularidad del templo

José Manuel González Porras, en primer término, durante la presentación de la obra
José Manuel González Porras, en primer término, durante la presentación de la obra - VALERIO MERINO

¿Quién es el propietario de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Córdoba? Cualquiera diría que la Diputación, y llevará razón, pero no siempre fue así. Lo cierto es que el templo pertenece a la institución provincial, sí, pero desde hace poco más de medio siglo. Antes había pertenecido a la orden mercedaria, de cuyo convento formaba parte, y después al Obispado.

Si en 1964 pasó a manos de la Diputación fue por una figura jurídica que en Córdoba se conoce bien: la inmatriculación. Todo esto está contado en el libro «La propiedad de la iglesia de la Merced», que ha escrito el catedrático de Derecho Civil José Manuel González Porras, y que se presentó este martes en la Fundación Cajasol, en un acto que contó con la presencia de su presidente, Antonio Pulido, y el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo.

Ley Hipotecaria

En él explica que en 1964 el entonces presidente de la Diputación, Antonio Cruz Conde y Conde (alcalde de Córdoba en la década anterior) dispuso la inmatriculación de la iglesia para la Administración, conforme a la Ley Hipotecaria, y desde entonces es su propietaria. «Fue conforme a la misma norma con la que después se inmatriculó la Mezquita-Catedral», afirmó.

En 1914 la Diputación había reconocido que la iglesia era de la diócesis

El templo, con el cenobio que lo rodea, fue una fundación, justo después de la conquista de Córdoba en 1236, de los mercedarios, que lo mantuvieron hasta la Desamortización de 1837. A partir de entonces, la parte del convento tuvo distintos usos como hospicio de niños huérfanos, pero siempre perteneció a la Administración. El templo, como pasó con casi todos (San Francisco, San Pablo, San Agustín, la Trinidad) pasó a manos del Obispado, y «en 1914 la propia Diputación había reconocido que era de la diócesis».

¿Puede ahora reclamar su propiedad? Para José Manuel González Porras, el templo ya es de la Diputación, que lo tiene a su nombre sin que nadie objetara en aquel momento, y que, sobre todo, ha ejercido de diligente propietario al invertir mucho dinero en las escuelas taller que han reconstruido el retablo mayor y todo lo que se perdió en el incendio intencionado de 1978, además de todo el mantenimiento en este tiempo en que «nunca se ha cerrado al culto»

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