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Panorámica del pantano de Iznájar hace unas semanas rodeado de cultivos del olivar - VALERIO MERINO
MERCADO LABORAL

¿Cuánto podría bajar el paro en Córdoba durante 2018?

Aunque la sequía y la estabilidad política (en año preelectoral) dirán mucho, los expertos hablan de unas dos mil personas

CÓRDOBAActualizado:

El buen sabor de boca que ha dejado el final de 2017 para el mercado laboral de Córdoba hay que tomarlo con prudencia para este 2018. Unos seis mil parados menos es una buen resultado en una provincia enclaustrada en altas tasas de paro y un sistema productivo poco flexible y sí monocorde.

Ni dulzor ni amargor. La inestabilidad política nacional del último trimestre del pasado ejercicio ha trastocado muchos de los análisis de expertos para los meses venideros. Dos de ellos, contrastados, como los de la Universidad Loyola Andalucía y Unicaja Banco y su servicio de estudios, coincidían en otoño pasado sobre el escenario futuro de Andalucía: un crecimiento del PIB en torno al 2,7%-2,8% y bajada del paro en un 2,5%.

Trasladada esa foto a Córdoba hay que tener en cuenta que casi siempre la economía provincial es más modesta en su tirones de actividad. Aún así, no sería, a priori, un mal escenario teniendo en cuenta que el patrón del tejido productivo no varía: monocultivos de la agricultura y los servicios. Y cuando se siguen haciendo las mismas cosas, pocas expectativas hay de que cambie el resultado. A corto plazo no se esperan giros significativos.

Traducido a cifras, podríamos estar hablando de una horquilla de 1.500 y 2.000 desempleados menos que se sumarían a los ya contabilizados en 2017. Teniendo en cuenta que son cinco los años seguidos que el desempleo baja en la provincia de Córdoba y que esas previsiones de crecimiento regionales podrían revisarse a la baja.

Sequía y política

Las esperanzas de los empresarios cordobeses están puestas así en el cielo. La persistente sequía en Córdoba, en unos cultivos que dependen muy mucho aún de la pluviometría, y el reciente paso de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para activar un paquete de medidas hacen presagiar un año duro para el campo, para los precios y los resultados de los agricultores, y por ende, el empleo que mueven las campañas. Si bien la más importante, la recogida de la aceituna, está tocando a su fin, los mimbres de la próxima en otoño de 2018 no son halagüeños.

La exportación y el buen comportamiento en los años de plomo de la crisis sigue siendo otro clavo al que aferrarse por parte del empresariado cordobés. Otro hito para confiar en una mejora del empleo, como el de los servicios, especialmente el turismo, que sigue cerrando ejercicios con saldo positivo.

Aunque el peor de los escenarios está en el terreno político. Por un lado, la inestabilidad de la situación en Cataluña, adonde Córdoba vende bienes por más de 330 millones de euros. Por otro, el contagio nacional, el otr gran cliente local. Pero habrá que estar pendiente en 2018 al año preelectoral municipal y a unos presupuestos que se han fijado como más expansivos para quemar los últimos cartuchos de los mandatos, lo que puede repercutir algo en la construcción y los servicios.

En el plano negativo hay dos factores más a tener en cuenta. Por un lado, la pérdida de población que se viene produciendo en el último lustro: más de veinte mil cordobeses menos. A ello hay que sumar una radiografía pesimista del desempleado cordobes, con bajo nivel formativo que limita las opciones de incporarse a un puesto de trabajo que suele ser, normalmente, temporal y oscilante por la demanda de servicios o el comportamiento del campo.

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