José Calvo Poyato - DESDE SIMBLIA

Al final, un aparcamiento José Calvo Poyato

Los sueños de los años del despilfarro han llevado a una modesta actuación para dejar el automóvil

En Córdoba, durante los años del jolgorio, se vivió un sueño que tenía un nombre pomposo: Palacio del Sur. Iba a ser el gran palacio de congresos del mediodía peninsular. A Córdoba, un palacio de congresos llegaba tarde, pero en aquellos años de despilfarro hubo quien pensó que la espera -las demás capitales andaluzas contaban ya con sus correspondientes recintos palaciegos-, iba a merecer la pena: Palacio del Sur. La margen izquierda del Guadalquivir junto a lo que sería puente de Miraflores era el lugar elegido. Nadie protestaba -eran tiempos en que, diría un castizo, se ataban los perros con longaniza-, pese a que los gastos eran suntuarios. Entre estudios preliminares, anteproyectos, maquetas, infografías y no sé cuántas cosas más se gastaron diez millones de euros porque la alcaldesa de entonces, doña Rosa Aguilar, que desde entonces ha ido de sillón en sillón hasta desembocar, tras la última remodelación del Gobierno susanista, en el de Justicia de la Junta de Andalucía, hizo aquel encargo a un arquitecto de renombre internacional, el holandés Rem Kolhaas. Un creador a la altura de un proyecto de campanillas. El Palacio del Sur lo merecía.

Solo en papeleo, como dicho va, se gastaron diez millones de euros en vísperas de la gran crisis que sacudió a la economía mundial a partir de 2007. Un zarpazo terrorífico que en España por obra y gracia de Rodríguez Zapatero, que presidió el gobierno de España entre el 2004 y el 2011, no se quiso reconocer durante mucho tiempo y se pusieron parches con el llamado Plan E en el que se dilapidaron, solo en obras municipales inútiles -se levantaron en los municipios miles y miles de metros cuadrados de pavimentos nuevos para sustituirlos por otros similares- quince mil millones de euros que dejaron el déficit público en casi el diez por ciento cuando entregó los trastos. Aquella alcaldesa, de un día para otro, también entregó los trastos municipales y en una pirueta ideológica, verdaderamente antológica, donde decía digo, empezó a decir Diego y quienes eran autores de detestables maniobras económicas que todavía ruedan por los tribunales se convirtieron de la noche a la mañana, en sus compañeros de camino… hasta hoy.

Los focos que alumbraban el Palacio del Sur se apagaron, poco a poco cuando la crisis ya apretaba y nadie podía seguir negándola. Una buena parte de los diez millones de euros de dinero público dilapidados, quedaron en los bolsillos del tal Kolhaas. El paso del tiempo hizo que el lugar donde iba a levantarse la faraónica construcción -el presupuesto inicial se acercaba a los cien millones de euros, imagínense cuál podía llegar a ser su coste final- se fue llenando de jaramagos y otras plantas silvestres de las que florecen en las riberas de los ríos. Ese erial es hoy mudo testigo de lo ocurrido con aquello. La realidad no es otra sino que a estas alturas Córdoba sigue sin palacio de congresos.

El concejal de Movilidad ha hecho un anuncio en el que, al parecer, se está ya trabajando: construir en aquel lugar un aparcamiento de superficie que permitirá a los residentes de San Agustín y Santa Marina tener donde dejar el coche, lo que aliviará las dificultades que hoy encuentran para ello, dadas las crecientes peatonalizaciones y semipeatonalizaciones en aquella zona de la ciudad. El Palacio del Sur queda en un modesto aparcamiento, aunque eso es algo que todavía está por ver.

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