Javier Tafur - El Estilita

Harazem

La progresía ya tiene nuevo gurú a la vista. Nadie es perfecto

Javier Tafur
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Harazem es un entrañable ateo que clama -o clamaba- en el desierto digital, más inabarcable que el de papel. Ha habido que devolverlo a éste para que su palabra tuviera una cierta repercusión mediática. Al menos se ha convertido en el gancho de una revista extemporánea, «17», que sin él hubiera pasado casi desapercibida. De hecho, no parece que el ayuntamiento haya costeado su cara edición con idea de que realmente se divulgara. El texto anda entre el manifiesto, el remordimiento y el responso, sin saber exactamente a dónde quiere llegar. El tono general es deprimente, cuando no agónico. Ni siquiera se percibe un aliento crítico común. Solo un irredentismo deslabazado que la aleja en la práctica del panfleto que algunos quieren ver en ella. Naturalmente que ha sido financiada con intenciones aviesas desde una parcialidad militante y que el dinero público debiera haber sido honestamente invertido en otros menesteres. Pero la izquierda anda tan desorientada que no sé si los objetivos desestabilizadores que pretende en el adversario los consigue en sí misma. Pongo como ejemplo, no sin ironía, que una de las conclusiones más claras que puede derivarse de su lectura es el acuerdo que expresan varios de sus colaboradores, sin oposición de otros, sobre la idoneidad e impecable gestión de Juan Miguel Moreno Calderón durante su etapa como delegado de Cultura del Consistorio. Nada tengo que objetar, sino todo lo contrario. Lo cual no quita que asumir a un concejal del PP como el único responsable de una política cultural digna en la ciudad signifique, en el fondo, un apaga y vámonos del actual gobierno municipal.

Por otro lado, dedicar todo un apartado a la religión en relación a la cultura -con entrevista al obispo incluida- demuestra el calado que se admite de aquélla sobre ésta hasta en los ambientes más hostiles.

Eso sí. El artículo del atrabiliario Harazem ha logrado sacar a los cofrades de sus casillas. Lo cual no es difícil porque la devoción es emocional. Y sin embargo habría que agradecerle a sus promotores y en concreto a este colaborador el favor que les hace. Hay personajes a quienes la providencia asigna roles incómodos, pero necesarios para la redención. Judas es el paradigma, pero también Pilatos o Caifás andan en el grupo y tal vez los ridículos sectarios que tan jocosamente parodiaba «La vida de Brian». Harazem se hubiera sentido a gusto entre ellos. Lo digo porque no he visto reconocimiento semejante al que éste hace a las hermandades cordobesas. Textualmente: «El procesionismo cofrade es la única manifestación pública que sigue perfectamente viva y en crecimiento en una ciudad muerta para la cultura». Declaración que merece otro apaga y vámonos definitivo. Denuncia además los excesos cuantitativos de ese procesionismo que los propios cofrades más conspicuos critican, lo que le hace casi un aliado inconsciente de la religiosidad popular bien entendida.

Harazem es buen escritor. Lo que pasa es que su estilo, habitualmente verborreico y faltón, le limitaba la parroquia. Ahora, más contenido, ha logrado hacerse salvavidas de una revista que hacía agua por todas partes y faro acaso de una ideología sin norte. Podría convertirse en el auténtico gurú del progresimo cordobés en los años venideros. Alguien me dirá: ¡lo que le faltaba a la izquierda! Bueno, nadie es perfecto.

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