Natividad Gavira

Igualdad de trato

Los profesores de Religión Católica están en los centros porque las familias queremos. Recordémoslo siempre

Natividad Gavira
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No pido para ellos privilegios, sino igualdad de trato. Les hablo de los doscientos sesenta y dos profesores de Religión Católica que ofrecen sus servicios en la escuela pública de Córdoba y lo hacen de acuerdo con la demanda masiva de las familias, no porque escondan oscuras pretensiones adoctrinadoras, ni para enjuiciar los parámetros científicos de sus colegas de claustro. Están porque se les ha llamado y deben permanecer para que la libertad de padres y alumnos quede garantizada; aunque los padres no defendamos esa presencia como correspondería a nuestro deseo de que los hijos conozcan uno de los elementos determinantes de su civilización y entiendan desde pequeños la dimensión espiritual que les acompañará por siempre como ser humano.

Elegimos Religión Católica en el centro público y con la elección nos despreocupamos de todo lo demás. Sepan que sin nuestro compromiso, los docentes se ven sometidos en muchos casos a la arbitrariedad del equipo directivo de cada centro. Nunca saben qué espacio del centro se les reserva para dar clase, ni cómo serán acogidas sus iniciativas en cuanto a exposición pública de sus trabajos. El recelo se impone en nombre de la igualdad y se esgrime la posibilidad de la ofensa para el resto de alumnado, así, se relega a la invisibilidad su trabajo y sus logros. Las otras enseñanzas religiosas a los que los niños pueden optar con pleno derecho no padecen este tipo de suspicacias, se entienden como una aportación multicultural al centro educativo, una oferta plural a la que obligadamente hay que conservar y no está de más exhibir.

Los profesores de religión soportan los vaivenes legislativos y, en medio del fuego cruzado en que se ha convertido el sistema educativo andaluz, -más pendiente de rebajar las pretensiones de la Lomce que de mejorarlas-, caminan silentes y temerosos de verse despojado de este fin pedagógico. Acuden al trabajo en un clima de indiferencia y a veces se hace insufrible tener que someter al escrutinio de la dirección de cada centro si pueden trasladar al aula las campañas propias de la Iglesia, a veces han de portar su propio material sin descanso porque no consiguen taquilla en la sala de profesores, a veces se les prohíbe recrear la Semana Santa con los más pequeños y acaban asumiendo que solo en la resistencia pueden explicarse su labor.

Los profesores de Religión no son una imposición sino un derecho del que disfrutan el ochenta y cuatro por ciento de los niños matriculados en la etapa de educación primaria de la provincia de Córdoba, el sesenta y cuatro en el primer ciclo de la secundaria y el sesenta y dos por ciento en el segundo ciclo de esta etapa educativa. Las matrículas en religión católica durante el Bachillerato han subido hasta un sesenta y tres por ciento entre los estudiantes del presente curso. Dejemos de comportarnos -familias y profesores- como una minoría.

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