Dos jóvenes descansan al sol, con la Calahorra y el Puente Romano al fondo
Dos jóvenes descansan al sol, con la Calahorra y el Puente Romano al fondo - VALERIO MERINO
TURISMO

Sol de invierno en el preámbulo de otra Navidad frenética

Los Patios celebran el quinto aniversario de su declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

CÓRDOBAActualizado:

El puente de la Constitución es la fecha que los incorruptibles de la tradición mantienen marcada en rojo en el calendario. El día de sacar del trastero la caja de cartón remendada con cinta de carrocero en la que se guardan de un año para otro los «avíos» del Belén, una jornada reservada para colocar al rey mago o al Papá Noel que pasará los peores días de frío colgando de la ventana, decorar de espumillón los salientes de los muebles del salón y colocar las lucecitas que, parpadeantes, sobreviven de una Navidad a la siguiente para poner la guinda a ese arrebato de escaparatismo colorista de cada mes de diciembre. Mientras las Fiestas llegan cada vez antes a las superficies comerciales, en las casas está la resistencia.

Pasar la mañana poniendo el Belén en familia al calor de la estufa no parecía mal plan para un seis de diciembre como el de ayer, que amaneció frío, con temperaturas bajo cero y escarcha en los cristales de los coches. Sin embargo, es difícil resistirse al sol de invierno y conforme fue avanzando el día, muchos cordobeses se envalentonaron para salir de casa, ya con las tareas navideñas hechas, para pasear por el Centro. Pese a que la liberalización de la actividad comercial da vía libre a los negocios para «saltarse» los festivos, ayer, día de la Constitución, los establecimientos abiertos se podían contar con los dedos de una mano. Un respiro necesario ante los días a los que el comercio -y los clientes- tendrán que hacer frente: la cuenta atrás para las compras navideñas ya ha empezado.

El mercado navideño de la Plaza de las Tendillas salvó, esquivando las críticas de las asociaciones comerciantes y de consumidores, las ansias consumistas y el hambre de quienes se acercaron a él para comprar un gofre o la figurita del Belén que se rompió en el desembalaje. Las atracciones navideñas del Bulevar del Gran Capitán, el «regalo» que hace cada año Centro Córdoba a los niños, fueron una parada obligatoria para las familias. Incluso a pesar de las bajas temperaturas se llenaron las terrazas que buscaban el sol a pesar de las líneas que todavía dibujan, en el suelo, el espacio que no deben superar si quieren cumplir con la normativa de veladores. Mientras el Centro comercial sobrevivía sin comercio, más al Sur la zona patrimonial recibía la visita del gran aliado de la temporada de invierno: el turismo nacional.

Turistas ayer en el entorno de la Mezquita-Catedral
Turistas ayer en el entorno de la Mezquita-Catedral-VALERIO MERINO

Mezcla de acentos en la cola para acceder al Alcázar, grupos de visitantes comandados por un guía de paraguas azul, turistas manchegos que preguntan cómo llegar a la fotografiada calleja de las Flores, parejas de Asturias, Madrid o Valencia que piden recomendaciones de lugares donde comer bien y barato, alguna que otra «pandilla» de viajeros chinos. El puente de diciembre suele dejar escenas de ambiente turístico en el entorno de la Mezquita-Catedral, pero este año ha tomado un cariz especial al coincidir con el quinto aniversario de la declaración de los Patios como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Bajo la Puerta del Puente, un escenario acogió un espectáculo flamenco ante el que los turistas que se dirigían hacia el Puente Romano en la mañana de ayer se detuvieron con interés.

Y de esta forma pasó un miércoles disfrazado de sábado, abanderado por la calma que precede a la tormenta de compras, cenas de empresa, regalos y reuniones familiares. La jornada tendrá su continuación el viernes con la celebración del día de la Inmaculada, una nueva festividad para la que se esperan aún más turistas procedentes de todo el territorio nacional. Como ocurrió ayer, se volverán a mezclar con aquellos cordobeses que no han podido contestar con una sonrisa abierta a la pregunta más repetida de los últimos días: «¿Te vas de puente?».