Calle Rave en el barrio de Santiago
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Historias

Leyendas de Córdoba: aquelarres en pleno corazón del barrio de Santiago

Flora se creía bruja y tenía tal capacidad de convencimiento que su fama de adivina se extendió por la ciudad

CórdobaActualizado:

Los hechos fantásticos, protagonizados por espectros, demonios, duendes o monstruos nocturnos son una fuente inagotable para nutrir las leyendas y narraciones de cualquier lugar que se precie. Y en este punto, Córdoba no se queda a la zaga ni tiene nada que envidiar a otras ciudades.

Sabedor de estos hechos, Marcial Hernández Sánchez ha sabido recopilar en su libro «Historias y leyendas de Córdoba» un buen puñado de cuentos y creencias de corte popular, entre los que destaca la historia de Flora, una supuesta adivina que habitaba en una oscura y estrecha plazoleta entre las calles Frías y Rave, que hacía creer a sus clientes, que eran muchos, sus encuentros masivos con otras brujas y diablesas de la ciudad para bailar al son de un pandero.

Vuelos sobre el río

Decían quienes la conocieron que tenía una hábil capacidad para hipnotizar a sus víctimas con sus truculentas y descabelladas historias sobre vuelos veloces de un impresionante aquelarre sobre el Guadalquivir cubriendo amplias distancias en un instante, de Medina Azahara a la torre del homenaje del Castillo de Almodóvar (donde dicen que habita el zángano jefe que vigila y posee a las diablesas), y raptando niños que jugaban a orillas del río.

Lejos de asustar o inquietar a su clientela, estas historias servían para acrecentar su fama y su bolsillo, puesto que le ayudaban a influir en el ánimo de los clientes forzando, así, un destino y leyéndoles mejor el provenir.

El caso es que con el tiempo, cuando su casa dejó de existir, al igual que aquel tétrico rincón de la ciudad, al paraje se le siguió llamando el Panderete de las Brujas, por ser el supuesto lugar de cita de antiguas comadres que bailaban al ritmo que marcaba un pandero.