SOCIEDAD

Niños de Córdoba en medio de la ruptura

La custodia de los hijos se emplea en ocasiones como arma arrojadiza en los casos de separaciones y divorcios

Una madre denunció que su marido «retenía» a sus hijos para que aceptase su convenio de divorcio
Una madre denunció que su marido «retenía» a sus hijos para que aceptase su convenio de divorcio - VALERIO MERINO

Las dificultades que suponen la ruptura de una pareja se incrementan cuando en el núcleo familiar hay hijos. La situación se complica aún más cuando éstos son menores. Esta es una realidad reconocida por abogados y asociaciones que asisten a parejas en estos trámites. «Quizás por eso hay menos casos con niños», apuntó Dulcenombre Rodríguez, responsable de Relaciones con Instituciones de la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a la Mujer. Por su experiencia y los casos atendidos, «la decisión de ruptura se retrasa hasta que los niños son independientes del núcleo familiar o por lo menos mayores de edad, si es que es posible esperar», según le han contado madres que han pedido consejo a la plataforma. Sin embargo, hay casos en los que «los niños no sólo lo pasan mal por la situación de sus padres, sino que son objeto, son utilizados» con intereses de una parte u otra, añadió Rodríguez. Según los estudios, en España, cada año, 20.000 niños son «influenciados» por uno de los progenitores en contra del otro.

En Córdoba los casos son difíciles de cuantificar, pues no todos se conocen ni son mediáticos como el último conocido de una madre de Posadas que denunció a su marido porque, según contó, «retenía» a sus hijos para lograr que ella aceptase sus condiciones de divorcio. La Plataforma contra la Violencia a las Mujeres respaldó su caso, pues de todas las personas que acuden a este colectivo, «que son numerosas» según sus fuentes, muy pocas presentan la problemática de los menores. «Por eso esta situción nos pareció más delicada», afirman.

La separación de la pareja se hizo más árida, entre otras cosas, a la hora de fijar los tiempos de custodia de los hijos. Y esta es la disputa más común. Rodríguez consideró que «en circunstancias normales, de separación amistosa, lo idóneo es la custodia compartida. Un niño tiene que crecer recibiendo el cariño de sus padres aunque la situación amorosa de éstos no haga posible la convivencia bajo un mismo techo». Sin embargo, relató, «los casos que nos llegan son aquellos en los que las madres han sido víctimas de cualquier tipo de violencia y no quieren bajo ningún concepto que los niños estén con sus padres». En esta circunstancia, «afortunadamente la ley no concede permiso de visita o estancia con los hijos al progenitor maltratador» pero si no hay denuncia o divorcio oficial, y los desencuentros son explícitos en la pareja, la situación se torna complicada.

Desde que se asume la situación de los padres hasta que el hijo se adapta a una nueva realidad, son diversas las manifestaciones de disconformidad con la realidad y preferencia por uno u otro que en muchos casos son intenciones de alguna parte. «Mi hijo no me habla», es uno de los lamentos más escuchados según Rodríguez cuando el hijo pasa más tiempo con el otro progenitor. Mientras, los padres, cuyo interés es el de proteger al hijo y apoyar su crecimiento, a veces terminan por convertirlo en un arma contra el otro.

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