Una mujer pasea por la zona histórica de Córdoba en plena ola de calor
Una mujer pasea por la zona histórica de Córdoba en plena ola de calor - EFE
Rafael González - La cera que arde

Para lo que nos echen

No nos asustan las alertas rojas: hemos superado varios mandatos comunistas

Rafael González
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No está mal una ola de calor para salir en los informativos internacionales. Una ola de calor te da más publicidad que la Noche Blanca del Flamenco o el Festival de la Guitarra de Córdoba, que este año ha estado regulero y cortito con sifón. Me gustan las olas de calor con sus alarmas naranjas y rojas, porque una ola de este tipo sin sus colores es como una navidad sin árbol ni bolas.

Es como cuando vivíamos en la Guerra Fría y pasábamos de Defcon 3 a Defcon 2 y además sin enterarnos, porque no había Twitter. Cuántas veces hemos estado al filo de la guerra termonuclear total y nosotros sin saberlo y haciendo planes para ir a Fuengirola. Claro que esto a los más jóvenes les suena a chino, pero hubo una época no muy lejana en que además de Corea o Venezuela, las crisis internacionales podían acabar peor que un paseo a las 4 de la tarde por las Tendillas sin chorritos. Hemos sobrevivido a la Guerra Fría y ahora nos quiere matar una ola de calor.

No hemos progresado nada salvo en la información, porque que ahora te avisan por el telediario, whatsapp, Facebook, Twitter, los deportes de Cuatro y Linkedin que estamos en alerta roja te tranquiliza mucho más a la hora de afrontar la muerte. En los años ochenta podíamos estar de perol en la Palomera y de pronto ver el resplandor de una bomba termonuclear que hubiera sido lanzada sobre Rota -un suponer- y menudo corte que te pille eso echando el arroz. Gracias a Dios el Pacto de Varsovia se disolvió, el muro de Berlín cayó y ahora vivimos algo más tranquilos en ese aspecto. Sólo nos puede matar el sol o el acceso de la A-4 a la altura del estadio El Arcángel, cosa que lamentablemente ya ha sucedido.

El exceso de información a veces es contraproducente: la DGT se gasta un dineral en campañas para que no consumamos alcohol si vamos a conducir, la administración poner cientos de señales avisando que entramos en un tramo surrealista que requiere más atención, y la propia administración ha sido informada por parte de la ciudadanía de que nos han hecho una salida como de chinos -con todos mis respetos a los ingenieros chinos- y nadie se da por enterado. Porque además estamos pendientes de la alerta roja y de hacernos un «selfie» con el termómetro de la plaza de Colón: mira, somos campeones en grados.

Sólo hay algo peor que una ola de calor cordobesa y es la brasa que dan los de la plataforma de la Mezquita. Lo que demuestra que estamos hechos de otra pasta. Seguiremos soportando chapuzas viarias, pulgas en la comisaría de campo Madre de Dios, la guerra civil de los veladores, al presidente del Córdoba CF y los toldos desechos del Centro. Después de la última ola de calor hemos demostrado que aquí estamos para lo que nos echen. Y no nos asustan las alertas rojas: hemos superado varios mandatos comunistas y ahora hemos adoptado a los de Ganemos y a Pedro García. A ver qué termómetro soporta eso.

Rafael GonzálezRafael González