José García Marín, durante una entrevista con ABC en 2012
José García Marín, durante una entrevista con ABC en 2012 - VALERIO MERINO
FALLECIMIENTO

Pepe el de El Caballo Rojo, en diez frases

El restaurador cordobés concedió a ABC numerosas entrevistas estos años

CÓRDOBAActualizado:

¿Qué pensaba José García Marín, el dueño del restaurante El Caballo Rojo? Su muerte ha conmovido a la ciudad de Córdoba, de cuya gastronomía fue el gran referente y el primero de todos. En los últimos años había concedido a ABC numerosas entrevistas que sirven para conocer su pensamiento en frases que denotan la humildad y lucidez de alguien que nunca permitió que le dijeran «don José» y estaba más cómodo con el popular «Pepe el del Caballo Rojo».

Así lo hacía al hablar de lo que había conseguido: «¿Que cuál es mi principal mérito? Seguir siendo Pepe el del Caballo Rojo. Todos los méritos se los debo al público que sigue siendo el que reconoce?». Y poco después, en la misma entrevista de 2012, hablaba de servir a grandes personalidades: «Me reconozco en ser como soy. Poder hablar un día con un jefe de Estado y al día siguien con un vecino».

«Lo peor que puedes hacer es creerte superior por que a tu casa entren a comer los poderosos»

Eso sí, había hitos: «Ava Gardner era una belleza. Cuando la vi entrar, salía a la puerta a saludarla y tenía un halo de personallidad. Venía con Omar Sharif». Pero también señalaba una paradoja: «He observado que cuanto más influyente es alguien, con más sencillez y naturalidad se comporta».

Ya en vida notó que la sociedad le había reconocido: «Nadie está exento de tener a gente que no le seas simpático. Pero yo me siento querido. Mi gran satisfacción es que tengo muchos amigos». Y eso sí, no envanecerse: «Lo peor que puedes hacer es creerte superior por que a tu casa entren a comer los poderosos. Entonces caes en el servilismo». Analizaba en otra entrevista su propia ciudad, a la que amaba: «Lo que más me duele de Córdoba es la apatía. Si pudiera poner pasión en algo, confiar en algún sueño por muy absurdo que parezca. La apatía está acabando con esta ciudad».

«Lo que más me duele de Córdoba es la apatía, que está acabando con esta ciudad»

Tenía su idea para su trabajo, que no sólo iba por la comida: «Hay que disfrutar del plato, pero también del contacto con la gente. Yo normalmente me llego a todas las mesas que hay aquí, y son muchísimas personas, pero dedicas dos o tres minutos a cada uno y te sientes personas y haces que el cliente se considere persona».

No olvidaba sus orígenes y la pobreza que conoció durante su vida: «Había familias que sólo tenían una cama y se turnaban para dormir. Yo aprendí mucho de aquella gente, de su filosofía y de la responsabilidad de llevar una casa». Fue pionero en Córdoba cuando apenas se ofrecían tres platos y contaba con humor cómo se abrió a otras cosas: «La primera vez que me pidieron rodaballo en Madrid me preguntó si sería una carne, un pescado o un cliente».